2021 en disputa


El litigio en que se encuentran PRI y PAN por las alcaldías de Monterrey y Guadalupe responde al futurismo electoral, significa estar en posición de ser elegible.

Monterrey y Guadalupe representan el 37.7% del total de los electores en Nuevo León, nueve de los 26 distritos locales, seis de los 12 distritos federales y los dos municipios con mayor potencial político en la entidad, sin olvidar que son quienes definen una elección a gobernador.

Adrián de la Garza es alcalde y candidato; la derrota significa un rechazo a él, no sólo a su partido. Cristina Díaz tiene su fuerza electoral en Guadalupe, la derrota representa el repudio de los guadalupenses a su persona, pues ya fue alcaldesa, diputada local y federal por ese territorio.

Para el PAN y sus candidatos el triunfo enmarca un avance político-territorial que lo coloca en condición de competitivo para la elección a gobernador del año 21. Sin dejar de lado que los candidatos en contienda también fueron alcaldes en los respectivos municipios. Felipe de Jesús Cantú derrotó a Leopoldo Espinosa Benavides en el año 2000 con la mayor diferencia electoral de la historia presente.

Pedro Garza Treviño, venció en la alcaldía de Guadalupe al entonces priísta Jaime Rodríguez Calderón en el mismo año.

La elección del pasado 1 de julio fue altamente competida, el factor AMLO contribuyó a que Morena y el PT tuvieran una alta votación, factor que influyó en los resultados de Monterrey y Guadalupe.

El PAN, con Felipe, alcanzó 153,035 votos según el cómputo en la Comisión Estatal Electoral (www.ceenl.mx), superando al priísta Adrián de la Garza por 4,679 sufragios, dejando la diferencia en sólo 0.89% entre el primero y segundo lugar.

En Guadalupe fueron datos semejantes, aunque con mayor diferencia. Pedro Garza logra 83,318 votos contra 78,525 de Cristina Díaz y su coalición del PRI-Verde. Tan sólo 1.57% de la votación los separó.

Ambos territorios están en disputa postelectoral, el PAN pretendiendo no perder en la mesa lo que ganó en las urnas, y el PRI intentando probar que su derrota en las casillas fue por causa de irregularidades durante la jornada electoral.

La elección del 2021 arranca en enero de 2019, si no es que ya inició para algunos. Habrá nuevos factores a considerar rumbo a la elección a gobernador en la entidad, pero con los mismos actores que vimos en 2018 en las boletas.

Se habla mucho de "negociaciones" con la autoridad electoral para quitarle al PAN uno de los municipios; es probable, pero difícil de creer que alguno de los priístas ceda su lugar al otro, pues ambos tienen boleto para llegar a las elecciones en tres años abanderando a su partido en la contienda a gobernador.

Cristina Díaz ha construido una carrera política completa, quizá sólo Beatriz Paredes le supere en trayectoria política, pues la tlaxcalteca ya fue gobernadora de su estado.

Díaz fue diputada local, federal, senadora, alcaldesa, presidente de su partido en el Guadalupe, Nuevo León y Nacional, además de líder del CEN de la CNOP. Sólo le falta ser candidata a gobernadora y gobernadora.

Adrián de la Garza tiene una carrera meteórica, su primer cargo de elección popular y de partido es la alcaldía de la ciudad capital, representante del grupo político más poderoso en la entidad, con la irrepetible oportunidad de aspirar a la máxima posición del ejecutivo en Nuevo León. 

Cristina y Adrián representan grupos divergentes, contrarios por antonomasia. Se habla en los cafés de grilla, que en su momento, el entonces líder político del grupo de Adrián de la Garza se opuso a que Díaz fuera la candidata a gobernador en 2015 y que ella, en respuesta, apostó a favor de su amigo Rodríguez Calderón.

Para Felipe la alcaldía es la puerta para salir del ostracismo y un boleto a la grande por el PAN; tampoco puede perder, pues la derrota acabaría con su carrera política.

No se juegan solamente las alcaldías en litigio que se traen el PAN y PRI, se juega el futurismo ante la imposibilidad de que el gobernador independiente pueda imponer un alfil fuerte y frente la eventualidad de que AMLO sufra desgaste en el poder y la marca Morena pierda adeptos. ¿Habrá negociación o se respetará la democracia?


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