Adaptarse para vivir


Con motivo de un torneo deportivo de mi hija tuve la oportunidad de salir de la ciudad y de insertarme junto a mi familia en una urbe distinta a la que vivimos, y vaya que tan distinta en muchos sentidos que debimos adaptarnos a ella con gran velocidad y precisión.

• La Ciudad de México –antes llamada Distrito Federal– y su zona conurbada, representa un cúmulo de ideas, sucesos históricos y fundamentales de nuestra patria, pero también un reto para los forasteros que como yo deciden, visitarla y recorrer lo más que se pueda sus innumerables puntos y lugares de interés.

• Para comenzar, decidimos rentar un auto usando puntos y promociones hasta quedar al volante de un compacto que nos acompañaría en los cientos de kilómetros que recorrimos, al puro estilo de manejo de los capitalinos. Si pudiera hacer una alegoría del manejo automovilístico en al Ciudad de México, comparándolo con el futbol soccer, diría que en dicha ciudad se maneja “con la bola pegadita y al pie”.

• Y es que como es difícil transitar a gran velocidad por el impresionante número de vehículos que se mueven por las calles de la gran metrópoli y el espacio que ofrece resulta tan reducido, la pericia de manejar pegadito a los demás autos destaca en cada conductor de aquellos lares. Meterse al paso del auto de un lado y lograrlo a centímetros de tocarlo es pan de todos los días, no causa gran escozor ni provoca el uso del claxon.

• El tráfico es denso aún en las horas menos pensadas y los conductores sobreviven las horas con cierto estoicismo, aunque no se puede negar que el estrés puede evidenciarse en alguno que otro sufrido automovilista que lucha con los peseros tradicionales del lugar.

• Lo cierto es que, tras un par de horas y con la ayuda del teléfono inteligente que sirve de navegador, me encontraba al volante mezclado y totalmente asimilado a la realidad de aquella ciudad. Parecía uno más de los muchos automovilistas que día con día recorren las calles repletas de la capital. Sin duda la adoración nos sirvió de mucho para prosperar en aquel entorno y lograr con éxito lo que nos propusimos.

Adaptarse o morir

• La realidad en las organizaciones no es distinta a la de la vida ordinaria. Una empresa vive sujeta a su entorno, a la política y el gobierno, a las leyes, a la naturaleza, a la cultura, a la moral y las prácticas éticas, a la ilegalidad, a la competencia desleal y muchas otras circunstancias y condiciones. Las organizaciones están obligadas a cambiar, y para hacerlo deben primero ser capaces de observar su entorno y de anticiparse al cambio con oportunidad.

• Una forma de cambiar es la adaptación. Adaptarse es una característica básica de los organismos naturales que les ayuda a subsistir exitosamente y es un excelente modelo para las organizaciones humanas. Cuando las condiciones lo demandan, quien no se adapta puede perecer.

• En lo ordinario la muerte de una organización se va gestando con pequeñas omisiones en la capacidad de adaptarse y de cambiar, hasta terminar con el colapso catastrófico que le obligue a abandonar la lucha o por lo menos a salir del ring por un rato. ¿Le dice algo la historia de Sony o de BlackBerry? ¿O los casos de éxito de Apple o Netflix? Nunca es tarde para aplicarse en cuestiones vitales para su empresa.

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