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Hace quince días, cuando el rector de la UNAM, Enrique Graue, se atrevió a decirle que “no” a López Obrador, en su intento por usar a la máxima casa de estudios de México como experimento de su trasnochado plan para abolir los exámenes de admisión, le dije a un amigo chilango que tarde o temprano, la mano presidencial caería sobre ese héroe, y de paso, sobre la autonomía universitaria.

A raíz de tal incidente, se desataron en Ciudad Universitaria los desmanes a cargo de porros pagados por Martí Batres y Claudia Sheinbaum, ujieres de López Obrador, uno en el Senado y la otra en el próximo gobierno de la CDMX.

Alentados y financiados por estos dos, los representantes de 40 escuelas de la UNAM demandaron ayer, mediante una asamblea interuniversitaria, la destitución definitiva de Teófilo Licona, encargado de Vigilancia de la UNAM; de Benjamín Barajas, director del Colegio de Ciencias y Humanidades y por supuesto, del Rector Graue.

Les platico: John Ackerman es un investigador de la UNAM naturalizado mexicano y muy cercano a Andrés Manuel, tanto que en marzo del año pasado lo acompañó en un viaje a Washington, donde denostó a las fuerzas armadas de México al acusarlas de violar los derechos humanos. 

Es un defensor del gobierno de Nicolás Maduro, y ha afirmado que Venezuela es mucho más democrática que México. Es más, La Jornada publicó el 27 de marzo del 2017 una entrevista con él, donde afirma que el gobierno de Caracas es incluso más respetuoso de los derechos humanos que el de México. Esto a pesar de que en ese país sudamericano no existe una Comisión de Derechos Humanos autónoma, como la de nuestro país. Que jale como todos queremos es otra cosa, pero de que la hay, la hay, y de que allá no existe es un hecho.

Bueno, pues Ackerman es mencionado como posible sustituto del actual rector Graue. Detrás de este intento de “golpe de Estado” a la UNAM, están el eterno aspirante a la rectoría, Javier Jiménez Espriú y su hijo Raymundo, dos piezas fundamentales del nuevo gobierno.

El primero será Secretario de Comunicaciones y Transportes y por ende, ya dejó por la paz sus intentos por hacerse de la rectoría universitaria, pero es quien más mueve sus hilos para que Ackerman sustituya a Graue.

El segundo, Raymundo, es responsable desde ahora de todo lo que tiene qué ver con la operación de redes y servicios digitales de la casa presidencial de la Colonia Roma, y próximamente del Palacio Nacional.

El porrismo que se ha desatado en los últimos días en la UNAM, no es otra cosa que una violencia de Estado. Morena y su dueño se quieren apoderar no solo del poder político, sino también del de las universidades públicas del país, y están comenzando con la más grande, la más emblemática y el símbolo de la educación pública superior.

Si obligan a Graue a renunciar, Ackerman o el que quede en su lugar, será un alfil más en el tablero hegemónico, oligárquico y totalitario que López Obrador entiende como gobierno de un país.

En estos tiempos, es casi una traición decirle “no” al próximo presidente. Sin embargo, Graue lo hizo, porque abaratar la calidad universitaria al eliminar los exámenes de admisión sería el fin de la propia educación superior y específicamente, de la universidad pública.

Hoy, cuando políticos, empresarios, investigadores, intelectuales y periodistas se le cuadran al nuevo gobierno, la UNAM da la impresión de estar siendo aislada maquiavélicamente por el nuevo poder, y en consecuencia, crece la amenaza de que la tiranía de un gobierno autoritario busque meter la mano en la autonomía universitaria, tumbando a un rector que les salió retobón, para tratar de imponer a un sumiso, a su modo y conveniencia. 

Lo que está ocurriendo es un burdo intento por convertir a la Universidad Nacional en guarida de Morena y de los intereses populistas del nuevo gobierno.

¿Cuántos y quiénes de los universitarios que se rasgan las vestiduras en otros foros, se atreverán a decirle “no” a las intenciones del gobierno que viene? 

Es tan artero lo que ocurre en la UNAM, que los esbirros de Andrés Manuel urdieron todo esto en los agónicos días del gobierno de Peña Nieto, dejándole a su gobierno una más de las tareas sucias, para curarse en salud y dejarse la mesa servida a partir del 1 de diciembre.

¿Qué es esto?

Ackerman está casado con Irma Eréndira Sandoval, Secretaria de la Función Pública en el nuevo gobierno. Puros incondicionales que le han seguido la corriente a lo largo de sus doce años buscando la presidencia. Todos éstos le dicen “sí” a sus ocurrencias. Y quienes se atreven a decirle “no”, como Graue, como Héctor Vasconcelos, pa´fuera. 

¿Acaso no existen otros con talento, preparación, capacidad y experiencia que no sean cercanos a Andrés Manuel? ¿Unos que se atrevan a llevarle la contra, a criticarlo incluso, para ocupar los puestos clave de su gobierno? ¿Ese es el tipo de presidente que la mayoría de los mexicanos quiere? 

Yo, no.

Cajón de sastre

“Y después de la UNAM, ¿cuál sigue?”, se pregunta la irónica, mordaz e irreverente de mi Gaby.

placido.garza@gmail.com


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