Algún día, regresaré a casa


Julio 18, 2018. Ese día, Nelson Mandela hubiera cumplido 100 años.

Cada tarde, alrededor de las 3:30 los prisioneros se recluían en las pequeñas celdas individuales, no salían hasta las 5:30 de la mañana. Durante esas horas en los 10,052 días de su encarcelamiento, el futuro presidente de Sudáfrica dedicó este tiempo a leer, a escribir. Lo habían arrestado en 1962, durante el régimen del Apartheid. Una de sus hijas tenía tres años; la otra, uno. Zindzi, la menor, no lo pudo visitar hasta que cumplió 16.

The Prison Letters of Nelson Mandela (2018), un libro para celebrar estos 100 años desde su nacimiento. Son 255 cartas de las muchas que escribió mientras estaba aislado de sus hijos, de su esposa Winnie, de sus compañeros activistas, de su  profesión. Cartas para sus hijos, su paternidad se ataba a ellas. Unas líneas mantenían el vínculo con eso que lo esperaba afuera porque "algún día, regresaría a casa".

Las cartas sostenían su espíritu, vivo y libre, aunque su cuerpo se quedara en la isla de Robben. "Una buena pluma puede recordarnos de los buenos tiempos, llenar nuestras guaridas, nuestra sangre y nuestra alma con ideas nobles. Puede transformar la tragedia en esperanza y triunfo", una posible traducción para sus líneas. Con la pluma alimentó el sentido de su vida, un para qué activo que sabía que "algún día, regresaría a casa".

Porque el sentido de la vida, asegura Viktor Frankl, tiene tres caminos: hacer o producir algo, amar a alguien, o afrontar un destino inevitable con una actitud de firmeza adecuada. Mandela confió en que "algún día, regresaría a casa", el que alguien lo esperara en ella le dio la fuerza para transformar la tragedia de una vida en prisión, en victoria.

Sus escritos llevan la filosofía de los Derechos Humanos, esa dignidad que compartimos las personas, sólo por eso, porque somos personas. Mandela representa esos derechos. Así inspira #Mandeladay cada 18 de julio, en donde a todos se nos invita a realizar una acción de cambio.

Y la invitación fue un sí en el Centro de Prevención y Reinserción Social Topo Chico. Ese día se celebraron las Bodas Colectivas de 28 parejas. En las canchas se acomodaron las mesas rectangulares con mantel y comida. Anillos, pasteles, novias de blanco, las Asociaciones de Promoción de Paz y la de las Damas Vicentinas organizaron la celebración; la Agencia de Administración Penitenciaria y la Dirección del Registro Civil, las actas de matrimonio.

Un preso, ¿cómo reconocer a la persona oculta tras sus fallas? ¿O tras la injusticia? ¿Cómo decidir si el aislamiento lo ha rehabilitado para regresar a la sociedad? Porque las cárceles no cumplen con la doble tarea de sancionar y reformar. "Uno de cada cinco presos en Nuevo León es reincidente", informa El Horizonte. El sistema penitenciario en Nuevo León no garantiza la integridad física y moral del interno, tampoco sana sus padecimientos psicológicos, los impulsos de violencia, o las conductas antisociales. Habría que replantear sus programas, sus políticas, su justicia.

Una boda en el Topo Chico, el vínculo con la vida afuera puede alimentar el sentido de vida que impulsa la readaptación social. Pero se necesita más, mucho más. Porque la libertad y esa esperanza de "algún día regresar a casa", sin alguien que espere afuera y sin transformación personal, se llena de las mismas tentaciones que los llevaron a estar dentro, –las drogas, la violencia, la confianza ciega, las malas compañías, la desesperación. #Mandeladay, un día para recordar el legado de Nelson Mandela y una invitación a un cambio en los sistemas penitenciarios que pueda sanar presos y a sus sociedades.


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