And suffer with my ghost. Soundgarden.


El miércoles pasado, mientras me despertaba a las cinco de la mañana para continuar con la gira de Jumbo, me llegó un mensaje del Pibe Láser donde me contaba de la muerte de Chris Cornell. No lo podía creer: se encontraba en perfecto estado físico, activo con Soundgarden y estrenando material solista, con una familia unida y un legado que parecía que seguiría creciendo muchos años más.

Por otro lado no entendía por qué me sentía tan triste; son días rodeados de malas noticias, atentados terroristas, nazis, locos atropellando inocentes, asesinatos, corrupción, etc.; además de que venimos de un año que rompió récord de muertes de artistas. ¿Por qué la partida de Chris me dolió tanto?
Creo que una razón es que junto a Cobain y Layne Staley, se suma otro suicidio en las filas de un movimiento que me cambió la vida: El Grunge.

No sé qué escuché primero, si Rusty Cage de Soundgarden, Alive de Pearl Jam o Smells like Teen Spirit de Nirvana, pero cuando estas bandas aparecieron cambiaron por completo mi manera de ver la vida, terminaron con la frivolidad del glam y hard rock, nos regresaron a los sonidos de rock y punk clásico con temáticas obscuras y urbanas, de gente normal, de anti-superestrellas, renegados olvidados de clase media baja, mal vestidos, sucios, enojados y con un poder que te volaba la cabeza inmediatamente.

Pasábamos las horas libres de la universidad en casa de Fletch Sáenz viéndolos en MTV y los fines de semana cantando sus canciones a todo pulmón en la barra del Iguana. En esos años en los que se forma el carácter, el Grunge fue uno de mis mejores maestros.

Pasaron los años, y como sucede con la buena música, estas bandas se convirtieron en rock clásico, y aunque Soundgarden se detuvo para dar paso a unos discazos de Audioslave, regresó con King Animal, uno de sus mejores trabajos que sólo indicaba que vendrían más.

Por azares del destino llegó a mí una de las 250 Gibson ES 335 que se fabricaron bajo las especificaciones de Cornell, la número tres para ser exactos, el domingo que regresé a casa la vi como la guitarra de un amigo, de un maestro que ya no está, si ya era de mis guitarras favoritas, es ahora un tesoro, un pedazo de la historia haciendo rock and roll en Monterrey. Aunque Chris nos deja un legado enorme, no encuentro la lógica para que se fuera tan joven y en la cima. Adiós, genio.


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