Apuntes para vivir a contracultura


En la época actual, como en todas las épocas, hay notorias tendencias culturales que marcan, en buena medida, la forma en que vivimos nuestra vida de forma ordinaria. Estas tendencias se generan desde las escuelas de pensamiento de las universidades, las sectas y religiones; y los movimientos políticos y sociales. Después se permean a través de la moda, los medios de comunicación masivos, el entretenimiento, el arte y la música. 

Se encarnan en los iconos de estas industrias y se copian por sus seguidores. Pronto distinguen a nuestros círculos sociales e, incluso, quizá de forma subconsciente, influyen de manera determinante en la forma en que éstos emiten juicios de valor con respecto a los demás; y en la forma en que deciden los valores que los rigen a sí mismos.

Este proceso cultural, no hay que satanizarlo, pero sí hay que conocerlo. Sucede que las más de las veces, ocurre a nuestras espaldas y sin que nosotros mismos nos demos cuenta. Escuchamos en reiteradas ocasiones a las personas mayores escandalizarse del comportamiento de las generaciones más jóvenes. Y aunque este comportamiento rebelde (o diferente) obedece a múltiples causas; también se debe a que los valores típicos de la cultura de aquel adulto, quien se expresa de esa forma, perdieron la guerra cultural de su generación y fallaron en transmitirse a la siguiente como parte del "pop culture" (la cultura popular; la cultura de la mayoría).

La pregunta lógica que sigue de lo anterior es ¿cómo se gana la batalla de la cultura? Como en el caso de los académicos de la Escuela de Frankfurt con el movimiento de la revolución sexual, ocurre que, por no ser conscientes de los procesos culturales, permitimos que un pequeño grupo activo de personas que quiere transmitir valores con los cuales la mayoría no está de acuerdo, logre popularizarlos sutilmente, en el largo plazo, como un valor común de una o dos generaciones más delante. Hoy en día, las redes sociales y los líderes de las plataformas virtuales tienen una gran responsabilidad respecto a esto. Sin embargo, parece que ni los gigantes de la tecnología tienen un control completo de lo que hacen; ni los influencers miden la trascendencia de largo plazo del contenido que comparten.

Antes de que nos demos cuenta, por no cuestionarnos a nosotros mismos, empezamos a vivir vidas abiertas a comportamientos, que parecen insignificantes, con los que en principio no estaríamos de acuerdo y que pueden llevarnos a mal puerto. Cambia nuestra forma de pensar, o anestesia nuestra conciencia, ver esta conducta practicada, sin aparentes consecuencias, por los iconos de la época actual. La mayoría de las personas escogemos no pensar, lo que implica cegarnos a los cambios culturales y, abrazar el porvenir como abrazaríamos el mástil de un velero que navega a la deriva. Después, cuando nosotros o nuestros hijos se estrellan con las rocas, naufragan o se enfrentan a la tormenta; o cuando sentimos que el barco se está hundiendo, entonces condenamos al clima, al fabricante de barcos, a la naturaleza o a la falta de experiencia de los jóvenes.

Si hacemos un ejercicio de examen personal, podremos cuestionar las premisas que definen la cultura actual y contrastarlas con nuestro plan de vida y valores personales. Por ejemplo: ¿Es mi meta personal vivir una vida balanceada como plantea el "pop culture" o quiero entregar más tiempo del balanceadamente razonable a mi familia y a ayudar a los demás? ¿Si el balance en la vida es dar mientras no duela; y la premisa de la caridad es "dar hasta que duela" debo perseguir mi corazón aunque me desgaste, o defender mi bienestar físico y psicológico? Si tengo un objetivo personal que puede cambiar el mundo, ¿debo invertirle más tiempo o debo defender "el wellness" a través de la vida balanceada a toda costa? ¿Voy a cambiar al mundo invirtiendo solamente en mí mismo a diestra y siniestra?

Considero que vale la pena cuestionar nuestros hábitos, nuestra conducta y los valores de nuestro círculo social que nos hagan ruido. Es inteligente criticar lo que vemos en los medios de comunicación masiva y en Internet; y lo que propone el mundo del arte y la moda. No hay que abrazar la industria del entretenimiento como el velero a la deriva. Tomemos los ejemplos de valores que van de acuerdo con nosotros mismos y no imitemos lo que no queremos. Se trata de hacer un proceso de reflexión consciente y no dejar que a nuestra realidad la determine un cambio de comportamiento gradual, sutil y silencioso. Puede pasar que sea muy tarde y nos dediquemos a lamentarnos. Si ése es ya nuestro caso, entonces más vale predicar con el ejemplo, y vivir a contracultura.


Volver arriba