Atención plena en el deporte y en la vida


La semana pasada tuve el privilegio de asistir a una singular clínica de golf dirigida por Sonia Vázquez. ¿El tema? Cómo mejorar tu juego –y disfrutarlo aún más– a través de técnicas de "atención plena" o mindfulness. Todo ello consiste en un estado que implica atención abierta y activa al momento que vivimos; nos permite observar nuestros pensamientos y sentimientos desde una perspectiva ideal, sin juzgar si son buenos o malos. 

Mis limitadas incursiones en el arte-ciencia-deporte del golf, así como las recurrentes indicaciones de mi maestro Tomás Macias, me sugieren que el golf tiene que ver fundamentalmente con postura, concentración, respiración, repetición y acción. De acuerdo con Sonia, desde la perspectiva de la atención plena, estos elementos se integran en un postulado contundente: si tenemos la intención de esquivar algo (un lago, una trampa de arena), la reacción natural es ser atraído por, o alejarte mucho del obstáculo; si meramente "tomamos en cuenta el obstáculo" y tenemos una imagen clara de donde queremos llegar, el resultado es diametralmente diferente. 

Sin pretender dar una explicación minimalista de la experiencia, si sólo nos concentramos en el sonido momentáneo de la bola al impacto del bastón, respondiendo a la memoria muscular desarrollada con la práctica y la técnica, vamos a permitir que la mente haga plenamente su parte para mejorar el resultado.  

El gran tema es que un enfoque de atención plena en el golf puede proporcionar ecuanimidad en los juicios propios del jugador en cuanto a su ansiedad, limitaciones reales e imaginarias, autocrítica destructiva, así como la historia y carga emotiva disfuncional que se amplifica en el campo y la práctica. 

Las reflexiones de Stephen Altschuler en The Mindful Golfer, nos invitan a ejercitar el lado mental del golf cuando lo presenta como un espejo de la vida, dado que integra elementos emocionales, espirituales, físicos y mentales, proporcionando tanto momentos de euforia y plenitud, como de desesperación y desilusión. Mas que un reflejo, describe la vida misma. 

Así, su práctica hace brotar lo mejor del ser humano camaradería, cortesía, consideración, clemencia, honestidad e integridad. De igual manera surge lo peor: impaciencia, adicción, rudeza, egoísmo, decepción, dentro de un amplio rango de otras emociones.

Como en otros deportes, actividades, disciplinas y aficiones, los paradigmas de la instrucción y el aprendizaje para hacer las cosas mejor, y disfrutar haciéndolas, se han trastocado ante la sabiduría y tradiciones orientales, ya sea que provengan de Buda, de Murakami o de nuestras propias reflexiones.



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