Ayunar en Cuaresma


"El ayuno es la respuesta natural e inevitable a un momento sagrado de la vida", Scot McKnight (2009).

Cuaresma. Para muchos cristianos, un tiempo de ayuno y abstinencia. Para mí, el ayuno es una práctica religiosa y el sentido de su espiritualidad por años se concentró en ese sentir hambre durante el día, un acto de piedad en unión al sacrificio del Viernes Santo. Y entonces llegó la frase mientras leía a Scot McKnight, el ayuno como respuesta. Conecté la experiencia. Cuando murió mi padre bajé de peso, la tristeza fue respuesta de mi espíritu; y la falta de apetito, la de mi cuerpo. Una respuesta que no necesitaba contestación, era solo eso, una "respuesta natural e inevitable".

Somos personas, no piezas de rompecabezas hechas de cuerpo, pensamientos, emociones, espíritu, esas son palabras para describirnos, para entendernos, como los mares del océano que tienen nombre y con ello se distinguen unos de otros a pesar de ser una misma agua.

Los judíos, los cristianos y los musulmanes; los budistas y los hindúes, todas las grandes religiones del mundo practican el ayuno en momentos sagrados. El Ramadán musulmán, un mes entero de ayuno desde el alba hasta el atardecer como purificación del cuerpo, como forjador de voluntad, y también como detonador moral porque ayunando se siente hambre como el que tiene hambre. Los budistas y los hindúes renuncian a comidas por la tarde, y los judíos ayunan por 24 horas durante el Yom Kippur. El hambre físico es una metáfora fuerte para el hambre espiritual. 

El rompecabezas de la persona está armado, así que el ayuno cristiano no es solo mortificación del cuerpo, es también práctica de crecimiento espiritual. Es una respuesta natural e inevitable a lo sagrado.  Porque el cuerpo rescató su buen nombre. Rompió con su papel de "pecador", y ya reivindicado, está cobrando con fanatismo sus facturas. El culto al cuerpo puede ser una pesadilla por la obsesión de cuidarlo a base de ejercicio, dietas, masajes, suplementos, cremas, moda.

Ayunar parecía una práctica exclusiva de las religiones, pero en el mundo laico, es un nuevo modelo nutricional, un estilo de vida, como ser vegano. No es una respuesta a lo sagrado, sino un estilo de alimentación con beneficio a la salud. Un hacer del cuerpo para el cuerpo. La dieta 5:2 o el ayuno intermitente (Intermitent Fasting, IF) hace ayuno de dos días con restricción de alimentos (600 calorías) intercalados en cinco días de alimentación regular. La clave no está tanto en qué alimenta al cuerpo, sino cuándo se alimenta. 

Los animales no consumen tres comidas más dos snacks al día. Se alimentan irregularmente como lo hicieron los humanos por miles de años, escribe Cristian Vlad Zot en su libro Periodic Fasting (2015). Si la epidemia de obesidad y diabetes es causada por excesos; el no comer, entonces, podría ser una opción. Cuando el cuerpo no gasta su energía para digerir alimentos, lo repara. Ayunando se consumen grasas acumuladas, las células se regeneran y los riesgos de diabetes, cáncer y enfermedades cardiovasculares disminuyen, hasta aumenta la proteína de la juventud, proponen los estudios científicos. Pero el tema sigue en investigación. 

El autor cuenta que empezó ayunando como una práctica religiosa, los miércoles y los viernes comía solo en ventanas alimenticias de cinco horas, y el resto del día, hacía ayuno por 19 horas. Su práctica requiere una gran fuerza de voluntad y ha descubierto grandes beneficios de salud, pero no es una respuesta espiritual.  

Ayuno solo en Cuaresma, no lo hago por un beneficio. El sentido de mi ayuno, igual que el de mi oración, es solo una respuesta natural a lo Sagrado, a mi necesidad espiritual de pertenencia. 



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