Bancos centrales, ¿por qué odian al Bitcoin y al oro?


La semana pasada el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, dijo que el trabajo de la institución que dirige no es regular ni prohibir al Bitcoin, mientras advirtió de los riesgos asociados con esta criptodivisa, como su extrema volatilidad de precios. Innegable.

Esta posición es sin duda mucho más mesurada, que la que ha adoptado el gerente general del Banco de Pagos Internacionales, y exgobernador del Banco de México, Agustín Carstens, quien la previa dijo que había un “caso fuerte” para que las autoridades intervengan en las criptomonedas. 

Ésa no ha sido la primera vez que Carstens se pronuncia contra el Bitcoin, pues el año pasado descartó reconocerlo en el país como moneda virtual, por no contar, dijo, con el ‘respaldo’ de un banco central, ni de ‘una nación que cobre impuestos’. 

Aunque Carstens no lo diga abiertamente, su posición por restringir a las criptomonedas es más cercana a la prohibición que hacia la regulación, que es el camino que deberíamos seguir. 

Y es que mire, contrario a lo que nos dicen, el dinero NO necesita tener ningún respaldo gubernamental o de un banco central para fungir como tal. Prueba de ello es que a lo largo de la historia, ha funcionado como dinero toda clase de mercancías, desde el cacao, hasta las hojas de té, el ganado y, por supuesto, los metales preciosos, el oro y la plata. 

A la gente le debe estar permitido que use lo que prefiera o le convenga en sus actividades comerciales, pues la competencia monetaria, es decir, la competencia entre diferentes formas de dinero –incluyendo ahora a las criptomonedas privadas, pero también al oro y la plata–, es la que hará que libremente se vayan prefiriendo las mejores monedas sobre las peores, como en cualquier otro mercado. 

El resultado sólo puede ser benéfico para la población, pues un dinero de mayor calidad protegerá de mejor manera su poder adquisitivo. 

Justo por eso los banqueros centrales –y muchos privados también– odian al oro y al Bitcoin, pues primero que nada evidencian que NO son indispensables, y ni siquiera necesarios, para el funcionamiento del sistema monetario. Pero ésa es una señal clara de que, si tanto les incomoda porque los debilita mientras empodera a la gente, es el camino que debemos seguir y lo que las personas debemos exigir.

Los bancos centrales, como emisores monopólicos de dinero, son la anomalía y no la ‘normalidad’, como nos quieren hacer creer.

Por lo tanto, el camino correcto es el de la regulación y NO el de la prohibición en lo que se refiere al Bitcoin y las criptomonedas, pues reglas claras permitirán evitar o castigar fraudes, y operaciones ilícitas con ellas. Más vale entonces adaptarnos a nuevas tecnologías como la ‘cadena de bloques’, en la que se basa el Bitcoin, y aprovechar sus ventajas que permitirán, entre otras cosas, disparar la inclusión financiera que tanta falta nos hace. 

No olvidemos que hay más personas con un teléfono celular inteligente y acceso a Internet, que con cuenta bancaria, ello sin contar que el comercio electrónico seguirá expandiéndose. Al pasado, no vamos a volver. Ojalá los banqueros centrales del mundo lo entiendan, y en su próxima reunión con motivo del G-20 el próximo mes de marzo, en Argentina, avancen por el buen camino en cuanto a criptomonedas, y por supuesto, permitan la apertura y competencia que seguro incluirá por sí solo, al oro. Aquí le estaremos actualizando, como siempre.


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