Bocadillos teatreros


Profundas y abundantes son las huellas que el teatro ha dejado en el lenguaje. En su origen griego, "theatron" significaba literalmente "lugar para ver"; estos lugares se solían construir aprovechando una lomita, en cuya pendiente se formaban las gradas y así el público podía ver hacia abajo las representaciones. A los actores, que justo eran los de abajo, los llamaban hipócritas (de hypokrites, de hypo "abajo" y krinein "separar"). Hoy, un hipócrita es quien oculta sus verdaderas intenciones y para eso se necesita actuar, ¿o no?

Numerosas son las palabras y frases que nos han dejado las artes histriónicas: Orquesta, "tener tablas", "tras bambalinas", escenario, "hacer mutis" y muchas otras que hoy no han sido invitadas. Hoy toca que hablemos de esas palabras que son nombre de lo que bien podemos llamar... bocadillos teatreros. 

Quienes gustan del teatro, habrán tenido ocasión de disfrutar un sainete. Es una obra ligera, casi siempre jocosa que suele presentarse como intermedio, entre escena y escena, de obras más largas. La palabra tiene su origen en "sain", nombre que en castellano viejo se le daba al cebo usado para engordar a los animales; su origen está en el latín sagina que significaba lo mismo. De ahí derivaron palabras como: sainar (engordar animales); sainero (el encargado de engordarlos) y sainete (diminutivo de sain) que era el pedazo de gordura, de tuétano o de sesos que los halconeros o cazadores de volatería daban a los halcones como premio por haber cazado alguna presa.

Han de haber sabido rico estos sainetes, porque la palabra extendió su significado para nombrar a cualquier "bocadito delicioso y gustoso al paladar". Por metáfora, se llamó sainete a la obra teatral breve, ligera y agradable que dejaba un "buen sabor de boca". Hoy, en el lenguaje coloquial, cuando ocurre una situación grotesca o ridícula, a veces tragicómica, se dice que se armó un sainete.

Los entremeses son esos bocadillos deliciosos que se ponen a disposición de los comensales, mientras llega la comida fuerte, de alguna forma hay que calmar a las "fieras hambrientas". El nombre fue tomado del francés entremets, que derivó del latín "intermissus" con el sentido de "intermedio, pausa". La idea implícita es "bocadillos para entretenerse mientras sirven la comida".

Por metáfora, los entremeses pasaron a ser un género de teatro con características similares al sainete; también son obras breves y divertidas que se presentan entre los actos de las comedias. Aunque al paso del tiempo ya tienen existencia propia.

Muy similar es el caso de la farsa, obra cómica que suele ser breve y que no tiene otro objeto más que hacer reír. Por su naturaleza, como los sainetes y los entremeses, también se presenta entre actos de una obra más extensa y más seria. En el lenguaje popular, la palabra ha adquirido connotaciones negativas, cuando se dice de alguien que es un farsante, comparándolo con el actor que representa una realidad simulada, lo mismo que el hipócrita del que ya dimos cuenta. ¿Y qué creen?... Resulta que esta palabra viene del francés farce, que a su vez se deriva del verbo farcir y que en la jerga culinaria significa "rellenar, embutir", refiriéndose a algún pastel o a alguna carne. De modo que, un vez más, el concepto de "aderezo para darle gusto al paladar", es metáfora para nombrar a este género del teatro.

Ni hablar: sainete, entremés o farsa, son obras de teatro que nacieron para servir de botana, o como decimos en México, "para darle sabor al caldo"; pero gracias a ellas, podemos disfrutar mejor de las obras largas y serias. Aunque ahora, así como hay fiestas en las que sólo dan botana, también hay funciones en que sólo se presentan bocadillos teatreros.

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