Campañas y agenda pública


Imagine un pequeño grupo de personas que viven relativamente cerca unos de otros, en una pequeña ciudad. Tienen intereses comunes, usualmente relacionados con agricultura, ganadería, a veces minería y en algunos casos con arte, cultura o ciencia. Todos se conocen entre sí y es relativamente fácil distinguir entre lo privado (lo que es y atañe a cada individuo en particular) y lo público (lo que es y atañe a todos por igual). Periódicamente se reúnen, discuten, elijen liderazgos y toman decisiones sobre lo que es de todos. Es decir, discuten, forman agenda y buscan los mecanismos apropiados para implementarla. 

En esencia, son procesos democráticos.

¿Cómo son esos procesos en la actualidad? Ya no se trata de pequeñas aldeas, se trata de grandes conglomerados, dispersos territorialmente y con profundas diferencias de todo tipo. ¿Cómo saber qué quiere la gente? ¿Cómo ponerse de acuerdo respecto de lo que es de todos? ¿Cómo ponerse de acuerdo respecto de los temas comunes?

Vía los procesos democráticos. ¿Utópico? Pues sí, un poco. Sobretodo en sociedades con Estado de Derecho débil, donde la rendición de cuentas no es la norma. Si se agrega un sistema político en donde la voluntad de los ciudadanos se diluye y se sustituye por la voluntad de los actores del sistema (partidos e "independientes"), el resultado puede ser un proceso largo, costos, ineficiente y desagradable: las campañas políticas.

Y entonces, ¿para qué sirven las campañas políticas? En teoría, para que los candidatos se den a conocer y para que los ciudadanos transmitan sus deseos y ellos los asuman y luego, cuando son electos, las implementen cumpliendo la voluntad de la ciudadanía. Es un proceso de formación de agenda, de agenda pública.

Pero ¿funcionan? Sólo si los ciudadanos participan de forma masiva, consciente, responsable y desapasionada. ¿Utópico? Pues sí, pero es el único camino. Cada vez que se pueda hay que decirles a los candidatos lo que los ciudadanos queremos, cada vez que se pueda hay que decirles lo que no queremos. Si no lo hacemos así, ¿cómo demandaremos el cumplimiento de la agenda pública?

Por cierto, hay tres cosas esenciales: 1.- Evitar convertir los periodos de campaña en peleas de lodo, y no me refiero a las campañas de lodo de los políticos profesionales, me refiero al respeto por los que piensan diferente en nuestro círculo cercano, después de las campañas la vida sigue; 2.- no creas todo lo que te digan, no renuncies a la crítica, no renuncies a la razón, no olvidar que ningún político es perfecto, todos están sujetos al mismo sistema y no hay varitas mágicas; si un progreso es posible no depende de los políticos como individuos, depende de la solidez de las instituciones; y 3.- todos somos ciudadanos, juntos construimos la agenda pública, no se vale descalificar.


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