Carta abierta a los magistrados del Tribunal Estatal Electoral


Señores magistrados: 

Es una verdad innegable que el Derecho hecho ley, por tener su origen en la sociedad, es al igual que ésta, una realidad cambiante. Si la ley se mantuviera estática, perdería su atribución de salvaguardar el orden y la paz. La reforma es una necesidad constante. Ninguna realidad social debe quedar fuera del manto de protección del orden jurídico. 

Hay que reconocer, que son muchas veces las decisiones de los jueces –ante la falta de oportunidad de los cambios legislativos– las que, a través de la integración y la interpretación, completan y esclarecen nuestras normas para que el Derecho no se vuelva frío, insensible e insuficiente para los diferentes conflictos que existen en la comunidad. 

Sin embargo, esa innovación practicada en el ejercicio de la judicatura, aunque es permitida por la Constitución, no es, al igual que el de los gobernados, un valor que deba observarse, que se encuentre elevado a rango constitucional. Es decir, frente a esa posibilidad constitucional que tienen los jueces de innovar; la certeza y la seguridad jurídica son criterios más importantes que la novedad, cuando se trata de emitir resoluciones de carácter judicial. Aquellas son garantías de las partes para respetar su derecho fundamental de acceso a una tutela judicial efectiva, mientras que la innovación es solamente una atribución de los juzgadores para no dejar de atender adecuadamente los asuntos que les son turnados. 

La certeza y la seguridad jurídica son garantías que protegen a los ciudadanos prometiéndoseles, a nivel constitucional, que no serán juzgados al capricho de las autoridades porque se les juzgará únicamente conforme a lo que dice la ley, o bien, ante la insuficiencia de ésta; se les juzgará tal y como se ha juzgado antes a otros en casos similares. Si se presenta en la historia un asunto inédito (nunca visto) del que no haya suficientes precedentes; entonces los jueces pueden interpretar la disposición e integrar la insuficiencia de la norma conforme a los principios generales del Derecho. Emitir una sentencia en apego a estos principios constituye legalidad; hacer lo contrario, es una ilegalidad. No puede atropellarse un derecho fundamental, so pretexto de la novedad, porque la sentencia deja de ser legal.  

El punto de conflicto de esta discusión pudiera encontrarse en decidir si la innovación es permitida para mejor proveer legalidad, certeza y seguridad jurídica. Desde mi humilde opinión, si el Derecho a lo que aspira es a salvaguardar la paz y el orden social, no hay mejor claridad y transparencia que cuando las partes saben sus posibilidades reales en el proceso, y éstas se cumplen: en una expectativa objetiva está la clave de la legalidad. No vemos todos los asuntos de la misma forma, pero todos podemos ver las leyes, los principios generales del Derecho y los precedentes que se han ido construyendo a lo largo del tiempo. Las variaciones de criterio deben de irse proponiendo gradualmente, para no atentar contra las razones del Derecho. Las nuevas resoluciones siempre deben de tener semillas de novedad, para que cuando un cambio abrupto se proponga, encuentre también su fundamento en razonamientos anteriores. La innovación debe servir a la certeza y a la legalidad, pero nunca sentirse como una sorpresa; jamás percibirse fuera de las expectativas del proceso; y de ninguna manera excederse los parámetros de las posibilidades que el Derecho destina para las partes.

Encauzar adecuadamente el proceso de evolución del sistema legal que se vive a través de las decisiones judiciales, es todo un reto. La novedad jurídica siempre tendrá detractores en los afectados por su imposición. Por lo mismo, estimo, que para que el Derecho evolucione de forma correcta, los "criterios novedosos" no deben de construirse de forma abrupta y violenta, estrenándose por primera vez en casos emblemáticos, tensos y con fuertes intereses de por medio. La novedad así propuesta pone en tela de juicio si se emite en cumplimiento a la apasionante vocación de construir un mejor marco jurídico para nuestro estado de Nuevo León; o si a ésta se recurre como escudo lingüístico para dejar de decir que no fue posible juzgar con independencia, imparcialidad y sin sucumbir a la política.

La novedad debe de hacer emblema asuntos menores en complejidad, para que éstos después sirvan de referencia. Los nuevos criterios así sembrados irán allanando el camino para que las partes en el proceso, al acercarse a la autoridad, sepan cuáles son las nuevas tendencias, que poco a poco, los tribunales han ido construyendo. Si la novedad es una sorpresa, más que ayuda al Derecho, detona la disrupción y la tranquilidad; y atenta, contra la causa primera de por qué es que el Derecho mismo existe. Recurrir a la novedad que surge como tendencia, sustentada en mejores interpretaciones filosóficas del Derecho y que vislumbra mayor armonía en la comunidad, es una buena práctica del que resuelve. Una novedad más agresiva que aquella, traspasa los límites de la prudencia y constituye, para todo efecto práctico, una arbitrariedad.


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