China avanza hacia lo que ni Trump ni AMLO quieren


Los tiempos económicos y políticos están cambiando internacionalmente. Estados Unidos está perdiendo su otrora liderazgo indiscutible y el dólar ve amenazada su corona como divisa de reserva global. Ya lo sabemos.

Parece el mundo al revés: en Occidente tenemos a gobernantes como Donald Trump, con una visión cerrada y proteccionista, basada en viejas ideas mercantilistas ya refutadas hace mucho por la teoría y práctica económicas.

En cambio, en Asia –donde están los acreedores del mundo– han entendido que el camino hacia el desarrollo pasa por abrirse de par en par, por economías competitivas y un Estado de Derecho que garantice la propiedad de personas y empresas.

Gracias a ese cambio de mentalidad, hay países que han podido crecer a tasas impresionantes, como China, convertida en unas cuantas décadas en la gran potencia en ascenso que es hoy.

Y así llegamos al punto en que estamos al borde de una posible "guerra comercial", en la que el gobierno de Estados Unidos quiere reducir su déficit comercial –por importar mucho más de lo que exporta–; mientras, esta semana en China el presidente Xi Jinping ha dado un discurso justo en el sentido contrario, afirmando que el mundo debe avanzar hacia el libre comercio.

Además, Xi Jinping aseguró que China se abriría más al exterior y expandiría sus importaciones. Beijing avanza hacia el libre comercio, lo que ni Trump ni AMLO quieren, y que ya dice mucho de ellos y su (mal) pensamiento económico.

Xi nuevamente prometió elevar "lo antes posible" el límite de propiedad extranjera en el sector automotor, y abrir más su sector financiero y de seguros.

Van, pues, los chinos (¡fíjese nada más!) a bajar los aranceles a la importación de automóviles y de otros productos, y a ampliar el acceso a su mercado a los inversionistas extranjeros. ¡Ése es el camino correcto! No por nada los mercados bursátiles reaccionaron con buenas alzas.

No es de sorprender que China continúe sin cesar su camino a la cima del liderazgo mundial, con una estrategia de apertura paulatina, pero constante, de la mano del oro, columna vertebral de su plan para convertir al yuan en una divisa predominante en mercados tan importantes como el petrolero (ver nuestro artículo sobre el petroyuán en la edición de la semana pasada).

Como le digo, mientras en nuestro hemisferio siguen presentándose posturas proteccionistas –en concreto las de Andrés Manuel López Obrador, quien propone cerrarse y producir localmente todo lo que se consume–, en China se siguen abriendo.

Nunca intentar volver al pasado ha significado un avance.

El ejemplo a seguir, pues, es el del liderazgo chino hacia la apertura, con más competencia externa e interna, y donde se estimule el espíritu empresarial para generar más riqueza.

Solo con riqueza se puede combatir la pobreza, algo que los chinos –por cierto– han hecho bastante bien, pues han sacado a cientos de millones de personas de esa condición. Ellos no van a volver a los tiempos de planificación central y cerrazón, y ojalá tampoco nosotros.

Esperemos también que la insistencia de Trump termine siendo solo parte de su estrategia, y que pronto se confirme que un acuerdo tan importante como el TLCAN va a continuar, gane quien gane aquí la Presidencia.

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