Cinco cosas que tienen que pasar para que México cambie


El día de ayer en la noche, millones de mexicanos sintonizamos el primer debate presidencial. En él, escuchamos una amalgama de opiniones, de visiones de país y de propuestas para México. Normalmente, es mi percepción que en cuestiones políticas coincidimos todos en los fines, pero diferimos en los medios. Todos queremos un México libre de corrupción, con crecimiento económico, en donde las leyes verdaderamente se cumplan, con buenas escuelas públicas, con seguridad y en el que cada día más familias salgan de la pobreza; aunque no estemos de acuerdo en cómo lograrlo.

Independientemente de lo escuchado el día de ayer en la televisión y de los proyectos que la candidata y los candidatos han puesto sobre la mesa para ser considerados por los electores, quisiera enlistar en este espacio cinco puntos que me parecen fundamentales que lleve a cabo el próximo gobierno para lograr una auténtica transformación nacional. Desde luego, que, como siempre he sostenido, parte de la responsabilidad radica en nosotros los ciudadanos; pero creo que esa contribución de la sociedad la puede incentivar la autoridad si se procuran las condiciones adecuadas.

Habrá muchos temas más que podamos incluir entre la lista de inquietudes, pero quisiera poner sobre la mesa al menos los siguientes, por ser todos menos el primero, cuestiones de alta prioridad poco comentadas:

1.- Se tiene que acabar la impunidad a los políticos. No se vale que los abusos de los gobernantes queden sin castigo. Las consecuencias de permitir esto son devastadoras para la democracia: se fortalecen ideas populistas y demagógicas; se pierde confianza en las instituciones y se alimenta violencia social. El gobierno tiene que recuperar la confianza de la gente y para ello, debe de empezar por acabar con la impunidad.

2.- El gobierno tiene que invertir en tecnología y en energías sustentables. Los procesos productivos que se desarrollan en el país tienen que avanzar en las cadenas de producción de tal forma que se concentren en México las actividades de alto valor agregado. Esta es la mejor forma de fortalecer nuestras industrias. Hay que ser pioneros en sectores estratégicos de manufactura. El camino se empieza invirtiendo para ser desarrolladores de tecnología de punta, única en el mundo, en los próximos años. Esto permitirá empleos mejores pagados, una mano de obra más capacitada y fortalecer el liderazgo global de nuestro país.

3.- Las inversiones en infraestructura tienen que abonar a la productividad. Haciendo más cortos, baratos y eficientes los traslados entre ciudades mexicanas, permitimos un comercio más ágil, generamos riqueza a las empresas y promovemos el crecimiento de nuestros estados. Necesitamos, como en Europa, trenes rápidos de pasajeros, nuevos puertos, más aeropuertos y mejores carreteras.

4.- México tiene que consolidar su seguridad alimentaria. Hay que promover la producción agrícola nacional por regiones para hacer depender el abasto de alimentos y sus precios de venta, de las condiciones del mercado mexicano y no del mercado norteamericano. En este punto, incluso, es conveniente estudiar limitar el número de exportaciones de comida para evitar un alza de precios lograda por la desatención de la demanda interna. Una externalidad del neoliberalismo es que se ha puesto al alcance de los pobres comida de baja calidad, al tiempo que se han encarecido los productos agropecuarios locales. Antes los pobres se morían de hambre, hemos avanzado gracias al TLCAN a que puedan alimentarse y en vez de morirse de hambre se mueran de diabetes. El siguiente paso es estudiar con cuidado medidas para recuperar soberanía alimentaria y poner al alcance de los más pobres alimentos de mejor calidad.

5.- Las cárceles tienen que ser verdaderos centros de reinserción social. No basta con acabar con la impunidad. Además de poner tras las rejas a los que violan la ley sin hacer excepciones, necesitamos completar un ciclo social completo. En el modelo de sociedad ideal se gobierna con mano dura, pero con corazón humano. La solución de aislar de los demás a los mal portados es un remedio temporal. Para erradicar el problema de raíz hay que cerrar el círculo, permitiendo a nuestros delincuentes encontrar un nuevo propósito de vida en su proceso de prisión.

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