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A él le gusta dar la tercera llamada. Bueno, también da la primera, la segunda y además, presenta personalmente a los artistas invitados, todos con la característica de ser reconocidos mundialmente por su virtuosismo y jóvenes talentosos a quienes un bien cultivado oído detecta en sus andares. Como lo hace en sus negocios, cuida todos los detalles de los conciertos que ofrece en su casa desde hace dos años, en una sala en la que comparte con sus amigos el gusto por la música clásica y que antes era una cancha de tenis.

Les platico: Gustavo M. de la Garza Ortega es uno de los cuatro "transportistas de contenido para la televisión" –como le gusta a él decirlo– más importantes del mundo.

Los otros tres son empresas de los Estados Unidos, Francia y la India. "Aldea" es la filial mexicana de Marcatel, que se encarga de este negocio, y fue la que transmitió en 2010 el rescate de los 33 mineros chilenos, que se convirtió en el programa televisivo más visto en la historia: 2,000 millones de personas siguieron ese acontecimiento en vivo, casi la mitad de la población de la Tierra en ese año. "Aldea" tomó la señal televisiva en Chile y la puso en su fibra óptica para ser vista en todo el mundo.

Y no sólo eso, desde 2008 todas las olimpiadas –comenzando por Beijing–, los mundiales de futbol, los acontecimientos naturales como terremotos, tsunamis, huracanes, son transmitidos por la fibra óptica de las empresas de Gustavo, que cruza los océanos para llegar ahora a más de 150 países, con una latencia de 37 milisegundos, la más baja de todas las compañías de telecomunicaciones a nivel internacional.

Sólo el cable que conecta a América con Europa está tendido en el lecho marino a lo largo de 6,750 kilómetros, con una capacidad de transmisión cercana a los 150 terabites por segundo, hasta 2017 el más poderoso en transmisión en su tipo, antes de que Microsoft y Facebook tendieran su propio cable para conectar las costas de Virginia, en Estados Unidos, con las de Sopelana, en España.

Los clientes de "Aldea" son los más grandes y de mayor prestigio del mundo: ESPN, Fox, CBS, NBC, TV Azteca, Televisa, TV Caracol Colombia, Tele Globo de Brasil y muchos otros más. De entre sus competidores, la filial de Marcatel es la única que tiene fibra óptica en América Latina.

Esta tecnología es clave para las telecomunicaciones, ya que ningún otro material conocido tiene la capacidad de transportar la cantidad de datos que se generan gracias a Internet. Además es flexible, resistente y barata, porque su materia prima para construirla es la arena. Con unos pocos kilos se pueden fabricar cientos de kilómetros de fibra óptica.

Su grosor es el de un cabello humano, 9 micras, y a través de ella viajan señales de luz láser que forman mensajes y que luego se descifran en su destino.

La historia comenzó hace 53 años, cuando a Gustavo se le ocurrió buscar cómo mandar mensajes a las personas para localizarlas; así nació Radio Beep, usando una sola frecuencia para hacer llamadas selectivas, utilizando tonos codificados. Detectó una necesidad en materia de telecomunicaciones, y diseñó, armó e hizo un prototipo para darle forma a su idea.

Tuvo que vencer la resistencia de empresarios que le preguntaban para qué era todo aquello. Fue difícil convencer a la gente de que era necesario. Le decían que estaba loco, porque en esos años, al salir uno de su oficina, lo que menos quería era que lo volvieran a localizar.

Qué diferencia ahora, cuando cualquier persona que sale de su casa sin su celular, al darse cuenta se regresa por él, no le hace que ya lleve recorridos 10 kilómetros, pues ¿qué va a ser de su vida o de su trabajo si está incomunicado?

SU ENCUENTRO CON BILL GATES Y HACIA DÓNDE VAMOS

¿Hacia dónde vamos en materia de telecomunicaciones? Gustavo cree que es un misterio y recuerda la vez que Bill Gates, en medio de una cena,  le dijo que los cambios durante los próximos 20 años en nuestra forma de viajar, comprar, vender, divertirnos, van a ser muchísimo mayores que los que la humanidad ha experimentado desde la llegada de Cristóbal Colón a América.

Le gusta platicar como anécdota la vez que en una conferencia se le ocurrió decirle a la audiencia que imaginaran que se meten a una cabina telefónica en México; colocan monedas en la ranura y de pronto, se van de ahí y aparecen en Sidney.

Esto no existe aún, pero es una posibilidad, como lo fue en tiempos de nuestros abuelos si alguien les hubiera dicho que un día, con un pedazo de vidrio nos comunicaríamos con alguien al otro lado del mundo. En ese entonces no existía eso, pero era posible.

En el museo Franz Kafka de Praga, entre un montón de fotos y manuscritos de los años 20, está un documento firmado por Einstein en el que documenta, con muchos ejemplos, que la materia es energía. Gustavo dice que tal vez ésta se pueda digitalizar, y entonces, nomás va a faltar que venga un mago que la meta por fibra óptica y haga que nos vayamos de una caseta telefónica de México y aparezcamos en Australia. Dice esto porque está dentro de lo posible, aunque aún no exista, como hace 50 años decíamos que era ciencia ficción cuando Dick Tracy, el de los cómics, hablaba a través de un reloj en su muñeca. Y quién sabe, a lo mejor lo siguiente sea que nos convirtamos en un holograma.

CAJÓN DE SASTRE

Gustavo ha buscado crear en estas desunidas y bárbaras tierras del norte, un refugio de unidad alrededor de la belleza de la música clásica. El le llama a esto "Creando rincones de Salzburgo en Monterrey".

Su iniciativa cultural rinde frutos, al igual que sus negocios, pues insólitos conciertos como el de la noche de este martes y el que se presentará hoy, despiertan en quienes tenemos la suerte de estar ahí, el compromiso de hacer algo justamente en esa dirección: unirnos en torno a lo bello de la vida, que se construye –como él mismo dice– colocando hoy un ladrillo justo encima de otro que pusiste ayer, hasta formar por constancia y perseverancia, mucho más allá de un simple muro: algo concluido, que realmente se note. Una catedral, por ejemplo.

"Viendo todo esto que Gustavo hace, ¿cómo no hacer lo mismo que él?", dice mi Gaby.

placido.garza@gmail.com

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