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¿Cómo ser felices?, versión del papa Francisco


“Puedes tener defectos, estar ansioso y vivir irritado algunas veces, pero no te olvides que tú vida es la mayor empresa del mundo. Sólo tú puedes evitar que ella vaya en decadencia. Hay muchos que te aprecian, admiran y te quieren. Me gustaría que recordaras que ser feliz no es tener un cielo sin tempestades, caminos sin accidentes, trabajos sin cansancio, relaciones sin decepciones”, papa Francisco. 

El mismo colega que me envió estas palabras incluyó un excelente mensaje de Tomás Moro sobre sus recomendaciones para nuestra planeación estratégica personal, cuyo objetivo esencial debería ser para todos nosotros: “Yo quiero ser feliz”.  En el texto nos invita a no olvidar que son “felices los que son suficientemente inteligentes, para no tomarse en serio, porque serán apreciados por quienes los rodean; felices los que están atentos a las necesidades de los demás sin sentirse indispensables, porque serán fuentes de alegría”. Efectivamente, nadie puede amar a Dios, a quien no ve, si no ama a las personas que lo rodean, familiares, amigos y sobre todo gente que no tiene, no sabe y no puede.

Por eso mismo mi colega me envió el mensaje del Papa sobre cómo ser feliz, en el que nos recomienda que no olvidemos que: “ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros. Ser feliz no es sólo valorizar la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza. No es conmemorar el éxito, sino aprender lecciones en los fracasos. No es tener alegría con los aplausos, sino tener alegría en el anonimato. Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones, y periodos de crisis. Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista para quien sabe viajar adentro de su propio ser. Ser feliz es dejar de ser víctima de los problemas y volverse actor de su propia historia. Es atravesar desiertos para encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma. Es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida. Ser feliz es no tener miedo de los propios sentimientos. Es saber hablar de sí mismo. Es tener coraje para oír un no”.

Continúa con una recomendación que deberían de tener los líderes, incluidos los líderes políticos en nuestro país: ser feliz “es tener seguridad para recibir una crítica, aunque sea injusta. Es besar a los hijos, mimar a los padres, tener momentos poéticos con los amigos, aunque ellos nos hieran. Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple, que vive dentro de cada uno de nosotros. Es tener madurez para decir ‘me equivoqué’. Es tener la osadía para decir ‘perdóname’. Es tener sensibilidad para expresar ‘te necesito’. Es tener capacidad de decir ‘te amo’. Que tu vida se vuelva un jardín de oportunidades para ser feliz... Que en tus primaveras seas amante de la alegría. Que en tus inviernos seas amigo de la sabiduría. Y que cuando te equivoques en el camino, comiences todo de nuevo. Pues así serás más apasionado por la vida. Y descubrirás que ser feliz no es tener una vida perfecta, sino usar las lágrimas para regar la tolerancia. Usar las pérdidas para refinar la paciencia. Usar las fallas para esculpir la serenidad. Usar el dolor para lapidar el placer. Usar los obstáculos para abrir las ventanas de la inteligencia. Jamás desistas.... Jamás desistas de las personas que amas. Jamás desistas de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible”, un excelente mensaje del papa Francisco. 

Sin olvidar lo que otro colega me recomendó y que mencioné en un mensaje anterior: “no olvidar que vivir una vida plena implica: ‘saber compartir lo que se tiene, dar a los que amamos y tener tiempo para nosotros, tener amigos que nos quieran, que nos soporten, saber pedir perdón, saber sufrir, olvidar, perder, ganar, perdonar, poder dar sin que nos importe, saber que podemos equivocarnos’”.


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