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"Felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse; felices los que saben distinguir una montaña de una piedrita, porque evitarán muchos inconvenientes; felices los que saben descansar y dormir sin buscar excusas, porque llegarán a ser sabios; felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas", Tomás Moro (1478-1535).

Recibí un excelente mensaje de un colega, que incluía un buen mensaje de Tomas Moro, sobre sus recomendaciones para nuestra planeación estratégica personal, cuyo objetivo debería de ser: "Yo quiero ser feliz".

Para lograrlo Tomás Moro nos recomienda: "Felices los que son suficientemente inteligentes, para no tomarse en serio, porque serán apreciados por quienes los rodean; Felices los que están atentos a las necesidades de los demás sin sentirse indispensables, porque serán fuentes de alegría (efectivamente nadie puede amar a Dios a quien no ve, si no ama a las personas que lo rodean, familiares, amigos y sobre todo gente que no tiene, no sabe y no puede); felices ustedes que saben callar y ojalá que esto suceda cuando se les quita la palabra, se los contradice o cuando les pisan los pies, porque el Evangelio comienza a penetrar su corazón; felices si son capaces de interpretar siempre con benevolencia las actitudes de los demás aún cuando las apariencias sean contrarias. Pasarán por ingenuo: es el precio de la caridad; felices, sobre todo, ustedes, si saben reconocer al Señor en todos los que encuentren, entonces habrán hallado la paz y la verdadera sabiduría".

Pero también recibí un mensaje que destacaba los doce caminos-estrategias de Adam Newman. Él nos recomienda concebir la felicidad como la capacidad de saber vivir, estos caminos los podemos-debemos usar para reflexionar e incorporar en nuestra vida personal, familiar y comunitaria:

Lo primero que nos indica es no olvidar que: "Vivir es (o debería de ser) la profesión más importante"; sin dejar de lado que debemos de fortalecer nuestra "capacidad espiritual de asombro y alegría para garantizar nuestra felicidad en este mundo"; así como recordar siempre que "los placeres sencillos constituyen el sabor y color de

nuestra existencia"; pero también no debemos de olvidar, sobre todo los y las muchachas de la edad que "la tarea más importante es la de este momento, pues "el hoy es la única certeza de la vida"; y nos recuerda la filosofía básica cristiana al decirnos:

"ayudar a los demás es saber vivir, pues hay que saber dar: a nuestros semejantes y a nosotros mismos"; sin olvidar que las cosas son cosas pues "la felicidad se encuentra más en la entrega a un ideal que valga la pena, que en el dinero, y se debe tener el talento de no caer en los peligros del dinero"; sin olvidar que debemos de "tratar de mejorarnos en todos los sentidos, es lo que importa; el dinero vendrá por añadidura"; y claro sin olvidar la perseverancia como elemento esencial de implantación de estas

estrategias, pues el autor nos dice que: "las resistencias al éxito se vencen con la perseverancia en el trabajo"; pero sobre todo no debemos olvidar "trabajar en lo que nos gusta, pues esto es garantía de armonía y felicidad".

Otro colega me recomendó no olvidar que vivir una vida plena implica: "caminar por la calle sin tener miedo, saber decir que no, cumplir con las obligaciones sin sentirse obligado, saber compartir lo que se tiene, dar a los que amamos y tener tiempo para nosotros, tener amigos que nos quieran, que nos soporten. Poder conversar con nuestros hijos, tener conciencia de que nos aman y no buscar que nos amen, saber pedir perdón, saber sufrir, olvidar, perder, ganar, perdonar, poder dar sin que nos importe, saber que podemos equivocarnos, reconocer que hay personas que no nos quieren, saber soñar, pero sin vivir soñando, aceptar al prójimo como es, estar contentos por lo que somos, saber aceptar lo que nos dan, saber dar sin que nos pidan; saber vivir entonces es: empezar a vivir plenamente".


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