Como un torero…


Hace algunos ayeres, cuando pequeño, durante mi infantil inocencia fui embrujado de golpe y porrazo, en sólo quizás un par de horas, por la emoción, los deseos, los sueños de gloria, de señorío y de majeza que emanan de la hipnotizante magia que sin duda alguna, brota en tardes excepcionales de mi ahora amada fiesta de los toros. 

Aquella ya lejana tarde entré al coso monumental de nuestra ciudad de mano de mi madre con una visión infantil e inocente para mirar por primera vez y con mucha curiosidad un espectáculo del que ahora sé, llegó a nuestras tierras de la mano de los conquistadores, para quedarse para siempre, como lo han hecho nuestra religión y nuestro idioma que, en combinación con el mestizaje, le han dado identidad a nuestra nación. 

La mañana de aquel día nunca pensé que por la tarde me convertiría en una afortunada y soñadora víctima del “mal de montera”, ese que por sueños sacó a tantos del anonimato, a otros más les dio sustento y a algunos más les dio la estatura, el reconocimiento, el aplauso y la inmortalidad de ser contados como seres distintos a todos los demás. 

Para ello había que ser disciplinado, valiente, sagaz, inteligente, pensante, habilidoso y por qué no decirlo también, suertudo, pues en el medio de la fiesta de los toros, la suerte es un ingrediente que juega un papel importante cuando se hacen las cosas con auténtica verdad. 

Jugarse la vida, el elemento más preciado del ser humano, es la base primordial para ejecutar el toreo, pues hay ponerse delante del ser irracional, ese que actúa por impulso de su naturaleza para pelearle con inteligencia y a base de valor y con mucha técnica, los “terrenos” para poder imponer tus condiciones, esas que se escriben echando la pata pa’lante para dominar en el escenario y convencer al respetable. 

Al final, ese niño que fui en aquella tarde, salió “toreando” de la plaza de toros, emocionado y con la firme idea de hacerme no sólo torero, sino el mejor de todos ellos. 

Así de bárbara e infinita era mi capacidad de soñar con la gloria del toreo, esa que te da la gloria terrenal por el hecho de exponer tu propia existencia, pasándose a la muerte muy cerquita, en cada acometida, en cada ataque, en cada embestida, para crear con parsimonia, cadencia y temple, no sólo ese arte que de ahí brotan, sino todo el sentimiento y la emoción de dominar y vencer a un enemigo que, como el mejor de los amigos, se entrega a plenitud y con integridad, a su naturaleza brava. 

Obvio decir que como muchos, probé suerte, esa que es tan necesaria en el mundo de los toros. Y en esos intentos de ser torero, el embrujo y la magia de ejecutar lo que se había soñado años atrás, se agigantó a pesar de los arropones, las maromas y la corná que llevo oculta bajo la cicatriz que viste mi pierna derecha. 

Y como decía “Cantiflas”: ¡Venga, que pa’ morir nacimos!... y aunque los golpes duelen, más duelen los golpes que da el toro de la vida y en el mundo de los toros, “ese toro” es el más peligroso, porque te quita de torero, pero te deja con vida, te deja los sueños, pero te quita la oportunidad de hacerlos realidad. 

Y así nos quedamos muchos, en el camino de querer y no poder llegar. ¿Razones? Cada quien tenemos las propias, pero todas –sin ninguna duda– fueron errores.

Sin embargo, al paso de los años la vida me compensó de otra manera. Yo que soñaba, sin el masoquismo de lo que hoy llaman adrenalina, con jugarme la vida por emoción de vivir la vida sintiéndola de verdad domingo a domingo en una plaza de toros, resulta que ahora de viejo lo estoy haciendo tomando la pluma como instrumento para librar las bravas y casi todas, cobardes embestidas en el redondel del periodismo. 

Y dígame usted, amable lector, si no, pues en los últimos tiempos para nadie es desconocido que en nuestro país son más los periodistas muertos a manos de las cobardes embestidas de los toros “chungos” de la política, que los toreros fallecidos en el ruedo como consecuencia de las bravas acometidas de un ser irracional. 

Cierto es que no hay comparación porque aquí no hay ¡Olés!, pero el reconocimiento a la integridad, al valor y a la honestidad de ejercer en conciencia, con sentido común, en honor a la verdad y con claridad nuestra crítica periodística, si no me hace sentir más o mejor editorialista, sí al menos me hace sentir como un torero de verdad, de esos que realmente se juegan la vida en cada lance o cada pase, como lo hago yo en cada editorial que escribo ante el peligro sordo del “toro chungo” de la política. 

Por hoy es todo, amable lector. Medite lo que le platico, disfrute la vida y al máximo a su familia, esperando que el de hoy, sea para usted un reparador domingo. Nos leemos en cabritomayor.com, donde podrá encontrar todas nuestras columnas políticas, además de las más importantes noticias, artículos y reportajes taurinos, amén de que en “Crack” nos tendrá el próximo viernes en “Por los senderos taurinos” y esa misma noche en la Monumental Lorenzo Garza apoyando a los novilleros.


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