Criptomitos


En mi infancia conocí una sustancia mineral ficticia que tenía el poder de vencer al ser más poderoso de la tierra: la kryptonita, que era el único material capaz de debilitar a Supermán. Hoy la lista de uno sube a dos: kryptonita más criptomonedas.

Claro, sigo sin entender con qué se come este invento informático; sólo creo saber que es un software privado, descentralizado y democrático, montado sobre una base tipo blockchain; que opera de forma encriptada, y que amenaza el férreo control que durante siglos han tenido sobre la humanidad los elitistas globales a través de sus bancos centrales y rumbo a su “Nuevo Orden Mundial”: un totalitarismo clasista feroz con un solo gobierno, una sola moneda, una sola religión y un solo orden jurídico (yo tengo todos los derechos y tú tienes todas las obligaciones).

Suena bien, pues. Tan bien, que los malosos están dispuestos a desatar cualquier desastre (incluso una guerra nuclear) para impedir tan aciaga perspectiva.

Narra esto el inteligente analista y me recuerda al caso exacto de un amigo también genial y también capitalistamente muy exitoso.

“‘¿Qué tanto hemos perdido a la fecha?’, le pregunté ayer a uno de mis hijos. Él es una gran fan de las criptomonedas y ha invertido no sólo su propio dinero sino algo del dinero de la familia. Yo pienso que esa es una mala idea, no muy diferente de apostar. Pero, coño, los jóvenes tienen que aprender a tomar buenas decisiones financieras. ¿Y cómo se aprende a tomar buenas decisiones? ¡Pues tomando malas decisiones! ‘¡Al revés, papá!’, me respondió. ‘Qué bueno que no seguí tu consejo. Bitcoin subió 10% el sábado, de modo que ahora la cuenta familiar tiene $100,000 dólares más desde el final de junio. Eso implica una ganancia de 39% desde que empezamos. Mi cuenta personal muestra una ganancia mucho mayor, pero es que yo entré desde antes. Mira, las criptomonedas son la mejor inversión en la historia del mundo. Si hubieras metido cien dólares en bitcoin en 2010, hoy tendrías unos seis millones.”

Codicia y miedo

Sabido es que estas dos son las principales emociones que guían las manías financieras (la codicia) y los pánicos (el miedo). Hoy es eviiiiiidente, como muestra esta conversación, que la codicia está desatada en el trasiego de las criptomonedas. En fin, así son las burbujas especulativas. Es un fenómeno observado y estudiado desde hace mucho. Un buen antecedente está en el clásico Extraordinary Popular Delusions and the Madness of Crowds (Charles MacKay, 1841) que describe las tres manías financieras más conocidas hasta ese momento: El proyecto del Misisipi, La burbuja del Mar del Sur, y La manía de los tulipanes. En este libro pionero, MacKay cuenta el origen del papel moneda, la expresión “burbuja” aplicada al hinchar los precios sin justificación razonable y al delirio frecuente de especular financieramente con cualquier clase de mercancía.

Una secuela digna de ese libro es Manias, Panics and Crashes: A History of Financial Crises (Charles P: Kindleberger, 2001). Los dos ejemplos más recientes eran el de las dotcoms (1997-2000) y el de los bienes raíces (EUA de a 2005 a 2008, en Canadá hasta hace poco, en China todavía, etc.). ¡Y ahora llegan las criptomonedas! Tiene que ser: los bancos centrales, desesperados por posponer la cruda o colapso inevitable, están creando cientos de anglotrillones de dólares de la nada, y ese “dinero” (puro crédito virtual, en realidad) tiene que irse hacia algún lado. Sea por Dios. Como dice la cumbia inmortal: (mientras haya fichas para seguir apostando) “la cosecha de mamadas nunca se acaba, nunca se acaba…”.

“Es que no entiendes”

Retomo el relato padre-hijo: “‘Los gemelos Winklevoss (los hermanos que demandaron a Mark Zuckerberg sobre los orígenes de Facebook) han hecho miles de millones. Y gente ordinaria se ha hecho rica de un día para otro. Esto no es un juego. Metí $1,500 en una de estas nuevas criptomonedas, y se convirtieron en $36,000 en unos días. Al principio no eran más que unos cuantos nerds quienes invertían en criptos. Hoy es dinero en serio. Si tú puedes ganar 10% en 24 horas, quiere decir que puedes ganar mucho más saliendo y entrando a tiempo. Y las nuevas criptos se mueven más rápido aún. Por ejemplo, acaba de crear Bitcoin Cash, que se fue de nada a $363 en cuestión de horas. Un tipo audaz puede, por ejemplo, crear una nueva cripto moneda con $10 millones, lanzarla al mercado para que la compren otros especuladores, y obtener una ganancia de otros $10 millones en 24 horas’.

“Bueno, le respondí. Sería bueno que vendieras en este momento, mientras puedes. Suena a una burbuja.

“‘Es que no entiendes, papá. Sí, se parece a una burbuja, y sí, es como comprar un billete de lotería en el sentido de que igual puede meter centavos y levantar miles de dólares, o perderlo todo de pronto. Pero no es una lotería en el sentido de que está pasando algo que nunca antes había pasado; es un salto cuántico en el concepto mismo de dinero. Es como los días remotos en que comenzó a usar el oro como dinero. El oro estaba en el suelo y no valía nada. Pero la gente descubrió su uso como medio de cambio y como depósito de valor. Eso es lo que está hoy ocurriendo con las criptomonedas’.

“Yo no estoy convencido. Para mí, el oro (o papelitos respaldados en oro) sigue siendo la única perdurable y sólida forma de dinero. Esto es lo que hizo posible nuestra civilización actual, que hoy está en riesgo precisamente porque el crédito ha querido sustituir al oro”.

Los mismos dos viejos mitos de siempre: “Esta vez es diferente” y “Yo sabré manejar el timing”. Pero la historia demuestra que nunca es esencialmente diferente, y que nunca nadie es tan oportuno y certero. Los humanos somos incorregibles: creemos ser los primeros humanos en la historia, y todos nos sentimos genios o superhombres (cuando lo que realmente somos es cuando mucho suertudos, hasta que el violento despertar nos recuerda que somos solamente humanos).


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