¿Cuál juego limpio?


Pues sí, hombre... buena semana para los fans futboleros regios. Mala para el futbol en general.

A Fernando Torres, ‘El Niño’, lo mandaron al hospital conmocionado; sus colegas tuvieron que intervenir de inmediato, antes que los médicos, para evitar que se ahogase con su lengua durante la convulsión.

A Hirving Lozano le hicieron una incisión de seis centímetros de largo, por dos de profundidad, arribita del tobillo, con los tacos de aluminio. El agresor apenas vio la amarilla.

A Isaac Brizuela lo mandaron 40 días fuera de la cancha por un esguince de tercer grado. Aunque, bueno, el tipo que lo lesionó ofreció disculpas luego de machacarle el tobillo con los tacos y toda la saña de un carnicero mata marranos... y ya por ello, debemos estar contentos con este hijo de Roberto Ruiz Esparza y el ‘Picas’ Becerril.

A Renato Ibarra le fracturaron el peroné, en una entrada que no pareció nada violenta, parecía de mero trámite, diferente a las que provocaron los atacantes de Lozano y Brizuela.

Por cierto, ambos, extranjeros.

Vamos a pensar de que el sólo hecho de que hayan liquidado por algunas semanas a dos de los más talentosos jugadores mexicanos, sólo tiene que ver con una asquerosa coincidencia... y nada más.

No se vale que los entrenadores, algunos de ellos, permitan que se juegue en el ‘filo del reglamento’, como dice Reinoso, dejando que sus muchachos lesionen a un colega, al grado de mandarlo al hospital, a cambio de un resultado.

Lo del juego limpio, que dicen los niños de la campaña de la Liga MX, es una basura, una mentira que nadie se cree.

El juego limpio dicta que los señores agresores se vayan a descansar el mismo tiempo que los agredidos, y que la Federación Mexicana de Futbol les confisque su sueldo para donarlo a una institución benéfica, mientras ‘descansa’... y además, que vaya y se pare ante la clase donde estudia su niño pequeño, y les explique a los compañeritos de él cómo fue que midió a su compañero de profesión, para prenderlo y machacarle sin piedad el tobillo y ponerlo en la camilla.

Juego limpio sería que Tiago Volpi hubiese ido con el arbitrario del juego entre Rayados y Gallos Blancos y decirle al nazareno: “Señor, es posible que usted no haya visto, ni su asistente, por su posición o lo rápido de la jugada, pero ese balón sí era gol, entró por lo menos 15 centímetros más allá de la línea de gol”.

Eso es juego limpio, todo lo demás, son tonterías, pero sería mucho pedir... sería mucho esperar de una comisión disciplinaria que opera dependiendo del escudo que traigan los jugadores en sus camisetas, o el entrenador en su saco.

Es una burla que a La Volpe le hayan dado sólo un partido de suspensión por entrar a la cancha y agredir a un futbolista.

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Pero decíamos... los Tigres ya están como que quitándose la ‘modorra’; le ganaron a Puebla... caminando.

Y ahí la llevan, a la zona donde quieren estar en la clasificación, entre el quinto y el octavo. No quieren, ni les apetece estar más arriba. Ahí se sienten cómodos.

En tanto que el Monterrey ya es cuarto lugar, en un partido ante Querétaro donde ganaron con toda claridad.

Un primer tiempo donde Gallos mostró mucho oficio para trastear con el esférico, quitarlo, pasearlo y darle trámite al juego. Salvo el golazo de Cardona y un tiro al palo, el juego fue queretano.

Tras la expulsión, Rayados se apropió de la pelota e hizo ‘talco’ al rival.

Hicieron cinco, sólo les contaron cuatro, pero sí fueron dos tiempos muy diferentes.

Gallos cambió mucho, para mal, ya estando con 10... y Rayados solo capitalizó la circunstancia.

Y eso que algunos siguen jugando a medio gas.

Así les gusta; así se sienten cómodos, así se los permite su entrenador y su gente (haz de cuenta Tigres, nomás que allá, todo el equipo).

¿Para qué se apuran?