Cuando despertó...


Éste es el título perfecto para la mañana del 2 de julio: "Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba ahí" ( El Dinosaurio, Augusto Monterroso, 1959).

Sí, cuando los mexicanos despertemos el 2 de julio ahí va a estar la miseria, la corrupción, la pugnacidad, los adversarios de campaña, la violencia, la pobreza, los damnificados de campaña, el narco, la vieja mafia del poder, la nueva mafia del poder, Trump, los aranceles, el Brexit, el sistema de partidos, los nuevos y viejos conversos, los transvasados, los migrantes, los insultos y los insultados..., no importa quién gané, ese dinosaurio seguirá ahí.

La mañana del 2 de julio, cuando nos despertemos, habrá toneladas y toneladas de propuestas imposibles de cumplir. Estarán ahí las manos tendidas, los que de buena fe (o mala) creyeron que al terminar la campaña entrarían en la tierra prometida, aquella donde fluye leche y miel, aquella en donde el lobo y el cordero duermen juntos y las armas de guerra se convierten en aperos de labranza.

Ahí, al despertar, estarán los que dicen "no me des, nomás ponme donde hay". Al despertar se vendrán encima los que reclamarán su prebenda, la venta del avión presidencial, la cancelación del nuevo aeropuerto, los trenes bala, las nuevas líneas de metro, la renta universal, los apoyos al primer empleo, los que reclaman la aparición de los 43 y un largo etcétera.

¿Y qué vamos a hacer con semejantes expectativas? ¿Cómo vamos a suavizar las heridas de campaña? ¿Cómo des-insultaremos a los insultados? ¿Cómo haremos para olvidar las fake news?

Perspectiva, paciencia, memoria histórica colectiva y a esperar que las instituciones funcionen.

Perspectiva. Tiempo al tiempo. Estamos mal, pero no tanto. Sé que es impopular y me dirán palero, ingenuo o conformista, pero pongo en la mesa unos pocos ejemplos: 1.- Hace poco más de un siglo más del 90% de la población era analfabeta, hoy es del orden del 7 por ciento; 2.- La esperanza de vida es superior a los 75 años y en las mujeres más: no olvido que mi abuelo murió a los 34 años de pulmonía (no había penicilina); 3.- La penetración de Internet ya está por encima del 60% y la tenencia de computadoras e Internet en los hogares crece a porcentajes mayores a los que crece la población.

Paciencia. No soy millennial, ni tampoco baby boomer, soy de la generación de las crisis. Nací en 1964, así que no conocí la paz con estabilidad pero sí "disfruté" de la docena trágica (1970 a 1982), del efecto tequila y de la miserable-gozosa sensación de caer y salir de macro crisis económicas cada 6 años... hasta 1994. Sobrevivimos. No hay mal que dure 100 años, partido hegemónico con más de 70 años, vamos, ni chavistas que se perpetúen en el poder. Venga lo que venga, de ésta también sobreviviremos.

Memoria histórica colectiva. Los viejos recuerdan, tal vez por eso se resisten al cambio; los jóvenes experimentan pero no son ciegos ni sordos, pueden aprender. ¿Qué es lo más importante de recordar? Que las medidas inmediatistas (aumentos emergentes al salario, prebendas...) no son cambios de fondo, son atajos al despeñadero. Cualquier "beneficio" o subsidio, no sale de la bolsa de quienes gobiernan, sale de la tuya y la mía. Vender el avión presidencial no va a resolver el problema de la pobreza, ni siquiera garantía de ahorro. Meter al expresidente a la cárcel tampoco es garantía de una nueva era de justicia y mucho menos de que desaparezca la impunidad.

Instituciones. Ésta tiene que ser la apuesta, no las personas. Esperemos que la Corte Suprema y los órganos autónomos sigan mejorando: independencia, transparencia y rendición de cuentas. Las fuerzas armadas: apolíticas, apartidistas y fuertes para resistir las individualidades. Fiscalía independiente, que se materialice; no al fiscal carnal.

Las otras instituciones, incluyendo las iglesias y la sociedad civil. A darle, aunque ya han demostrado lo valioso de su papel tienen un gran reto por delante: el ejercicio de su personalidad sin matices ni desvíos. Ningún político o partido tiene el monopolio de la representación, mucho menos en la expresión de ideas ni la manifestación de la voluntad de la ciudadanía. No captura, no tergiversación, no vendimia de voluntades.

En fin, espero que la mañana del 2 de julio, al despertar, nuestro futuro esté ahí, más próspero y más justo. Justo ahí. Ah, y también un México ganándole a Brasil.


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