OpiniónMonterrey
Más del autor

No olvidemos a nuestros hijos

Poner a Dios en juicio

Proverbios y más proverbios

El crucificado

Voto por despecho

Cristo ¿liberal?

Para su planeación personal

Cuando el tiempo se detiene


La teoría de la relatividad nos dice que el espacio y el tiempo no son lo que parecen ser. Son relativos, lo que significa que no siempre funcionan de la misma manera y no siempre se experimentan de la misma manera. El tiempo puede detenerse.

¿O no puede? En este lado de la eternidad, parecería que no. Desde que el universo comenzó con una gigantesca explosión hace unos 13,800 millones de años, el reloj ha estado funcionando sin parar, como un medidor despiadado, moviéndose implacablemente hacia delante.

Sin embargo, nuestra fe sugiere que el tiempo va a ser diferente en la eternidad, tan diferente de hecho que no podemos siquiera imaginarnos cómo será en el cielo. Como nos dice San Pablo en su carta a los corintios: "Ojo no ha visto, ni oído ha escuchado, ni han entrado en el corazón del hombre, las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman". ¿Cómo se vivirá el tiempo en el cielo? Como acabamos de afirmar, eso no se puede imaginar ahora.

¿O se puede? En un nuevo y maravilloso libro sobre la Resurrección y la Vida Eterna, Is This All There Is (Es esto todo lo que hay), el renombrado erudito alemán de las escrituras, Gerhard Lohfink, sugiere que podemos y algunas veces tenemos una experiencia del tiempo tal como se experimentará en la eternidad. Para Lohfink, experimentamos esto cada vez que estamos en adoración.

Para él, la forma más elevada de oración es la adoración. Sin embargo, ¿qué significa "adorar" a Dios y por qué es ésa la forma más elevada de oración? Lohfink responde: "En adoración, no pedimos nada más a Dios. Cuando me lamento ante Dios, generalmente es mi propio sufrimiento el punto de partida. Incluso cuando hago una petición a Dios, la ocasión suele ser mi problema. Necesito algo de Dios. E incluso cuando agradezco a Dios, desafortunadamente, generalmente estoy agradecido por algo que he recibido. Sin embargo, cuando yo adoro, me libero de mí mismo y miro solo a Dios".

Es cierto que el lamento, la petición y la acción de gracias son formas elevadas de oración. Una definición antigua, clásica y muy buena explica a la oración como "elevar la mente y el corazón a Dios", y lo que está en nuestros corazones virtualmente en todo momento es alguna forma de lamento, petición o acción de gracias. Además, Jesús nos invita a pedirle a Dios lo que está en nuestro corazón en un momento dado: "Pide y recibirás". Lamento, petición y acción de gracias son buenas formas de oración; sin embargo, al orarlas, todavía estamos enfocados de alguna manera en nosotros mismos, en nuestras necesidades y nuestras alegrías.

Con todo, en adoración, miramos a Dios o a algún atributo de Dios (belleza, bondad, verdad o unidad) con tanta fuerza que todo lo demás desaparece. Estamos en pura maravilla, pura admiración, asombro extático, completamente despojados de nuestros propios dolores del corazón, dolores de cabeza y del enfoque idiosincrásico. La persona, la belleza, la bondad y la verdad de Dios nos abruman para quitarnos la mente de nosotros mismos y dejarnos fuera de nosotros mismos.

Y estar libres de nosotros mismos es la definición misma del éxtasis (del griego, EK STASIS, estar fuera de uno mismo). Por lo tanto, estar en adoración es estar en éxtasis, aunque, ciertamente, eso no es generalmente como imaginamos el éxtasis hoy. Para nosotros, el éxtasis es comúnmente imaginado como una sacudida de la tierra dentro de nosotros mismos, idiosincrasia en su máxima expresión. Sin embargo, el verdadero éxtasis es todo lo contrario. Es adoración.

Además, para Lohfink, la adoración no es la única forma verdadera de éxtasis, sino que también es una forma de estar en el cielo ahora mismo y de experimentar el tiempo tal como será en el cielo. Así es como él lo expresa: "En el milagro de la adoración, ya estamos con Dios, completamente con Dios, y el límite entre el tiempo y la eternidad se elimina. Es verdad que ahora no podemos comprender que adorar a Dios será felicidad infinita. Siempre queremos estar haciendo algo. Queremos criticar, intervenir, cambiar, mejorar, formar. ¡Y con razón! Ése es nuestro deber. Pero en la muerte, cuando venimos a Dios, todo eso cesa. Entonces nuestra existencia será puro asombro, mirada pura, alabanza pura, adoración pura y felicidad inimaginable. Es por eso que también hay una forma de adoración que no usa palabras. En ella le entrego mi propia vida a Dios, en silencio, y con ella al mundo entero, conociendo a Dios como Creador, como Señor, como aquel a quien pertenece todo honor y alabanza. La adoración es la oblación de la vida de uno a Dios. La adoración es rendición. Adoración significa confiarse completamente a Dios. Mientras vivimos en la adoración, comienza la eternidad, una eternidad que no se retira del mundo, sino que se abre a él por completo".

¡El tiempo puede detenerse! Y se detiene cuando estamos en pura admiración, asombro, sorpresa y adoración. En esos momentos, estamos fuera de nosotros mismos, en la forma más pura de amor que existe. En ese momento también estamos en el cielo, no teniendo un sabor anticipado del cielo, sino actualmente estando en el cielo. La eternidad será así, un momento como mil años y mil años como un momento.

Cuando adoramos, el tiempo se detiene, ¡y estamos en el cielo!


Volver arriba