Cuando el traje es alquilado


Vaya jornada delincuencial que hemos vivido en Nuevo León en las últimas semanas: robos, asaltos, balaceras, persecuciones y ejecuciones de alto impacto, con la consecuente impunidad oficial y con el riesgo para los ciudadanos que tenemos que soportar la negligencia e incapacidad de los gobernantes, mientras éstos descarada y socarronamente se esconden en la demagogia. 

Los grupos que operan al margen de la ley, entre ellos los pertenecientes a los cárteles de la droga, le están dando tremenda exhibida a las autoridades federales, estatales y municipales: las han pescado fuera de base porque están preocupadas en la grilla electoral con el ánimo de perpetuarse y seguir en su zona de confort y no en cumplir con su obligación de garantizar la integridad de la sociedad civil.

Y en medio de todo están las absurdas declaraciones del gobernador interino, Manuel González Flores, a quien parafraseando su apellido lo único que parece florecerle son sus intenciones de adornarse para cubrir su ineficacia mientras sigue subordinado ante al gobernador con licencia, Jaime Rodríguez Calderón, esperando que éste le ordene tal o cual cosa... y como Jaime, entercado en aparecer en la boleta electoral, no piensa en otra cosa más que en su deseo de ser candidato presidencial, ya podrá concluir el lector que a ambos la seguridad de los ciudadanos les vale sorbete. 

¿Sabe cuál es el problema del gobernador interino? Que no se siente gobernador. Que el traje le queda grande. Dice el refrán que para ser, hay que parecer. Manuel no es porque no parece. Y no parece porque no es.  Es decir, el traje que trae puesto lo siente como prestado, como alquilado, como rentado. Y aunque constitucionalmente Manuel es depositario del Poder Ejecutivo con todo lo que eso implica, él mismo es renuente a creérsela (seguramente porque nadie votó por él), y sigue actuando como fuera segundón y no la cabeza. Vaya, está achaparrado. 

Es de antología su desafortunada declaración en el sentido de que la seguridad que se vive ahora es la mejor que en los últimos 15 años. ¡Ja! Esa realidad solo existe en las cuatro paredes de su despacho, donde por lo visto este hombre que ya fue secretario general de Gobierno no se entera de nada. Su pensamiento obnubilado no lo deja ver más allá, y eso le impide instruir a su gabinete a que se aplique en el tema y le imposibilita entrar en coordinación con los demás niveles de gobierno. 

Las campañas federales ya arrancaron, las locales todavía no. Así que el circo electoral aún no comienza del todo, y el delicado tema de la inseguridad aguarda para ser zarandeado por políticos que quieren llevar agua a su molino en lugar de ser prudentes y no politizar con este flagelo. Como si no fuera suficientemente grave el hecho de ser víctimas de la violencia, encima tendremos que soportar el manoseo electoral de un asunto tan delicado. 

Manuel juró cumplir y hacer cumplir la ley. Bueno, pues es tiempo que comience a hacerlo. Que le aplique un cierre a su boca y que se coordine con la Fiscalía General y con autoridades federales y municipales. No hacerlo lo pone en el mismo nivel que su jefe, Jaime, y en el mismo club de los demagogos e ineficientes.


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