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Cuando lo ves de frente


Cuando lo ves de frente Intuyes que está ahí, pero por alguna razón no lo quieres ver. Haces lo que puedes para tratar de apagarlo o hacerlo un poco más tenue a como dé lugar: te lanzas el fin de semana de viaje, vas a todas las fiestas que te invitan, te avientas maratones de series de televisión por horas, corres al centro comercial cada que puedes, revisas cada 15 minutos todas las redes sociales que tienes instaladas en tu celular, te distraes con tu droga o vicio favorito, o simplemente te quedas inmóvil sin hacer nada, pretendiendo voltear hacia otro lado de eso que te inquieta, pero no sabes por qué.

Ni siquiera lo quieres reconocer, ¿para qué? hasta que finalmente, luego de días, semanas, meses o años, algo provoca adentro un quiebre. No suele ser un tsunami, una guerra o un hecho que parta tu corazón –o sí-, sino más bien, ante tu típica frase ‘‘no sé qué me pasa’’, surge una nueva respuesta que suele estar disfrazada de plática de amigo, de frase de conferencia o libro, o de diálogo interior durante un instante de silencio.

‘‘Sí lo sabes’’, resuena en tu interior y entonces sucede algo que lo cambia todo. El muro que tenías perfectamente construido, a prueba de balas, miedo y aparente dolor, se desintegra en un segundo y te deja ver lo que siempre había estado ahí. Respiras profundo y lo ves de frente; no hay manera de seguir evadiendo y racionalizando como antes. Y entonces te das cuenta que el elefante rosa de la habitación que no querías ver eres todo tú.

‘‘Sí sé lo que me pasa’’, dices en voz alta, integrando por primera vez esa emoción que crees que no debes sentir o ese pensamiento que crees que no debes pensar, y lo aceptas completamente como parte de tu ser.

¿Qué pasaría si en lugar de luchar con todas tus fuerzas contra eso que no quieres sentir lo integraras completamente como parte de tu experiencia? De acuerdo a Brett Ford, profesora de Psicología de la Universidad de Toronto, la mejor alternativa al experimentar emociones ‘‘no deseadas’’ es evitar controlarlas y aceptarlas como vienen, y es que al eliminar de la fórmula el juicio y la autocrítica, lo que sea que estemos viviendo se puede experimentar con mucho menos drama sin tanta discusión interna.

‘‘La curiosa paradoja es que cuando me acepto como soy, cambio’’, decía el psicólogo humanista Carl Rogers, compartiendo su visión con la filosofía budista, que promueve la comprensión y aceptación de las emociones negativas como una simple reacción a lo que vivimos día con día.

Sin resistencia y con valentía, comprendes ahora que es momento de quitarle la cubierta llena de ‘‘no deberías’’ a la tristeza, enojo, culpa, miedo, vergüenza o lo que sea la emoción pasajera que estés sintiendo en este momento para descubrir que es posible verla frente a frente, observarla sin juicio, nombrarla como lo que simplemente es, y aceptarla como parte de tu experiencia de vida. ¿Para qué resistirse?


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