Cuatro santos que son uno


Al misterio de la Santísima Trinidad, que por sí solo se basta para fundir nuestras neuronas, ahora se agrega el misterioso caso de los cuatro santos que son uno. Como diría mi buen amigo Ricardo Espinosa, que en paz descanse, "¿cómo dijo?". Bueno, ya verás que cualquier nudo lo desatará la siguiente historia.

La ventaja es que, mientras la Santísima Trinidad es un misterio teológico, que queda fuera de nuestro alcance desentrañar, el misterio de los santos es un nudo lingüístico al que sí podemos meter mano. Vamos a ver cómo San Jacobo, San Santiago, San Jaime y San Diego son cuatro santos que son uno. Acompáñenme a caminar por este enredo.

Muy popular entre los hebreos debió ser el nombre Yaakov, nombre bíblico de origen hebreo latinizado como Iacob. Lo más probable es que sea una forma abreviada de "Ya´qub´el", formado por ´sostener´ y ´Dios´, por lo que se le podría atribuir un significado simbólico de ´Dios ha sostenido´ o ´Dios ha ayudado´.

Este nombre, Yaakov, llevó uno de los patriarcas de este pueblo, hijo de Isaac, citado en el Antiguo Testamento. También dos de los apóstoles de Jesús así se llamaron. En castellano, para diferenciarlos, nos referimos a ellos como Santiago el Mayor y Santiago el Menor.

Hay la creencia de que el primero anduvo predicando por tierras ibéricas y que fue sepultado en una ciudad de Galicia que hoy lleva el nombre de Santiago de Compostela. De ahí nacería un fervor religioso que ya cuenta más de 1,000 años y que ha motivado peregrinaciones a través de un largo tramo conocido ahora como el "Camino de Santiago". Son 800 kilómetros que van desde Somport, un lugar en lo alto de Los Pirineos, hasta Compostela, en donde, como ya dijimos, se supone reposan los restos del apóstol.

Este hecho ha dado especial fama a este santo cuyo nombre, a través del tiempo, ha sido pronunciado por miles de bocas en muchas regiones, dando origen a diferentes variantes fonéticas que son causa de este enredo.

El nombre hebreo "Yaakov" fue adaptado en griego como "Iakóbos" y en latín como "Iacobus". En castellano se dijo "Jacob" y "Jacobo". En latín medieval, "Iacobus" se transformó en "Jacomu", de donde, en la región oriental de la Península Ibérica surgió la forma "Jacme". La "c" de "Jacme" se vocalizó dando origen en Cataluña a "Jaume" y en Aragón, al popular nombre "Jaime".

Mientras tanto, en la zona occidental de la península ibérica, a la que pertenece Compostela, el latín "Iacobus" dio "Jacomu", que luego se convirtió en "Yago" y también en "Yagüe". De tanto repetir "Saint-Yago", resultó el nombre "Santiago". Algunos autores ubican la aparición de este nombre en la Edad Media, pero haya sido antes o después, el nombre ahí está.

Después, por falso corte de San-Tyago, nació la variante "Tiago" que aún se escucha en Portugal. De "Tiago" fue fácil que naciera "Diago", que luego pasaría a ser "Diego", del que después nacerían los patronímicos "Díaz" y "Díez".

En resumen, esta es la historia del misterio:

Yaakov>Iacobus>Jacobo.

Yaakov>Iacobus>Jacomu>Jacme>Jaime.

Yaakov>Iacobus>Jacomu>Yago>Saint-Yago>Santiago.

Yaakov>Iacobus>Jacomu>Yago>Saint-Yago>Santiago>Tiago>Diego.

Bueno, entiendo que no es lo mismo decir cuatro nombres que cuatro santos, pero para darle más espectacularidad a este artículo, prefiero cerrarlo diciendo: Ya ven, también el lenguaje hace milagros, como hacer cuatro santos que son uno.

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