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“Si en verdad me amas, ¿cómo puedes ser tan egoísta?, sobre todo después de todo lo que hago por ti”; te comparto además, me dice mi correctora de estilo cinco frases de manipulación emocional: “No me pasa nada; Sin ti no soy nada; Haz lo que quieras; Lo que yo hice por ti; Si no quieres yo tampoco”, sin olvidar lo que dicen los expertos: “un chantaje emocional consiste en presionar a otras personas para que actúen, digan o piensen de una determinada manera, aunque vaya en contra de sus principios y de sus sentimientos, los cuales son usados como una excelente arma de ataque”.

No debemos de olvidar que una relación saludable se basa en el mensaje esencial de Alfonso Reyes en su Cartilla Moral: el respeto a uno mismo y a las personas que nos rodean, pero también las demás personas deben o deberían tener el mismo principio esencial: el respeto. Lo que en esencia genera confianza, respeto mutuo y una gran sensación de seguridad en nuestra relación con los demás.

Pero en mi juventud, me comenta mi asesor de Santa Catarina, tuve una novia que actuaba como una excelente chantajista emocional, usando lo que los expertos llaman “un comportamiento pasivo-agresivo” para obtener lo que ella quería, tratando de que no dijera los chistes que a mí me gustaban, o que no hiciera lo que a ella no le gustaba hacer: cantar y bailar.

Investigando sobre el tema me encontré un mensaje que resaltaba las señales de advertencia para saber si estamos tratando con un chantajista emocional; destaco las que más me gustaron. La primera es:

1. Usan tus palabras en tu contra. Nos dicen como un ejemplo típico de este comportamiento: “si haces una queja legítima como ‘me molesta que no limpiaras la casa después de que dijiste que lo harías’, en lugar de disculparse, el o la chantajista reconocerá su falta de acción diciendo: ‘no me hubieras pedido limpiar si supieras cuánto trabajo tengo. ¿Por qué nunca me tomas en consideración?’. Como ve, estimado lector, esta manipulación nos hace sentir culpables por pedir algo.

2. Ellos usan su sentimiento de culpa para controlarte. Aquí nos presentan otro caso típico: “está bien, puedes ir al cine sin mí. Yo me quedaré en casa y terminaré de doblar la ropa por mi cuenta; si realmente quieres pasar tiempo con tus amigas este fin de semana, vete. Simplemente no entiendo cómo se puede dejar a nuestros hijos solos durante tanto tiempo”. Como ve, estimado lector, el o la chantajista emocional sabe exactamente cómo comportarse como una víctima de nuestras acciones.

Mi correctora de estilo me recomendó comentarles los cuatro tipos de chantajistas de quienes nos tenemos que proteger. Estos tipos los describe muy bien la terapeuta estadounidense Susan Forward en su libro El chantaje emocional.

1. Cuidado con los castigadores, quienes: “amenazan con tomar represalias si no se accede a sus demandas, exponiéndolo abiertamente: ‘si te separas de mí, no verás a los niños’ o ‘muy bien, no me acompañes, pero luego no te quejes si acabo con otra’”.

2. Cuidado con los auto-agresivos, quienes “amenazan con hacerse daño a sí mismos –o incluso llegan a amagar con el suicidio– cuando son contrariados: ‘si me dejas, no respondo de mi vida’. Las amenazas también pueden producirse sin palabras, como una conducta auto-agresiva que aparece sistemáticamente después de una negativa”.

3. Cuidado extremo con los mártires, ya que ellos son “los chantajistas más sutiles, pues se sirven del sentimiento de culpa de la víctima para que ésta actúe de una determinada manera. Este tipo de chantajista suele utilizar expresiones –siempre acompañadas con una actitud de resignación– del tipo: ‘no te preocupes por mí, yo me quedo aquí, ya sé que molesto en todas partes’”.

4. Cuidado con los seductores, quienes “utilizan una especie de chantaje invertido: nos cuentan todas las cosas buenas que harán por nosotros… pero, claro, sólo si accedemos a sus deseos: ‘tú haz lo que yo te diga y ya verás cómo no tendrás que preocuparte por nada’”.


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