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"Yo cuido de tu seguridad, tus gastos y tus caprichos. Y si por mí tienes eso y más, es porque sí soy leal contigo, pero ya no tengo tu dedicación, tu tiempo y tu esfuerzo. Parte de tu felicidad me la debes a mí. Cuídame igual que antes. Yo te soy fiel y te estoy aguardando, pero recuerda que puedo cansarme de esperar, muchos otros me buscan y aguardan ansiosos por mí... Como siempre te espera... Tu trabajo".

Ésta es la parte final de un mensaje que recibí de un colega rector, mensaje que describe el inicio de un trabajo, de una relación (casi igual que el inicio de un noviazgo) y la manera como no debe de evolucionar nuestra relación con ese trabajo. 

El mensaje se inicia resaltando el deseo de obtener un empleo: "Cuando no me tenías, me buscabas, me rogabas, sufrías por mí y sentías celos cuando veías a otros conmigo. Me prometías acudir a nuestras citas puntualmente. Me ofreciste esfuerzo y lealtad, tu dedicación y esmero. Prometiste amarme, conservarme y ganarte mi cariño y confianza".

El mensaje destaca cómo al principio todo iba bien, como en los buenos matrimonios: "después que me conseguiste, al principio me dedicaste todo tu interés, tus cuidados y tu tiempo. Te esforzabas por mí, hasta acudías puntualmente a nuestras citas y yo era feliz. Al calor de tus cuidados comencé a dar frutos para ti, en compensación a tu esfuerzo y dedicación".

Después el mensaje destaca el inicio de una desarmonía con el trabajo, algo similar a lo que ocurre en algunos matrimonios de nuestro país: "sin embargo, ahora que me has asegurado, ahora que necesito de ti más que antes, precisamente ahora ya me estás abandonando, me descuidas, ya no eres puntual. El tiempo que pasamos juntos te pesa, te fastidia, te aburre, a veces lo tratas de ocultar un poco, pero en otras ya no te importa que me dé cuenta que ya no me quieres. ¿Dónde está la lealtad que me prometiste alguna vez?".

El mensaje continúa resaltando la desarmonía entre esta persona y su empleo, similar a la desarmonía entre algunos matrimonios en nuestro país (¿sólo algunos?, me pregunta mi correctora de estilo): "ya no te importan mi limpieza y buena presencia, ya no te interesa mi progreso, no te mortifica que algunas veces me dejes esperando todo el día. Aún así, te he perdonado, pero comprendo que ya no me quieres como al principio y hasta me das la impresión que te aburres conmigo, pues aguantas ansioso la hora de separarnos (como nunca debería de ocurrir en la relación entre las personas casadas). 

Efectivamente, estimado lector, lo comentado en el mensaje que recibí de mi colega, debemos de evitarlo en nuestra relación con el trabajo, con nuestra familia y con nuestros amigos. Sin olvidar tener un equilibrio entre el tiempo que usamos en nuestro trabajo, con nuestra familia y con nuestros amigos. 

Algo que me encanto de mi trabajo en el Tec fueron las 10 semanas de vacaciones a las que tenía derecho a disfrutar cada año, las cuales pude disfrutar con mi familia, dado que esas 10 semanas coincidían con las semanas de vacaciones de mis hijos: dos semanas en navidad, una en semana santa y siete en el verano. 

Pero también, sin olvidar lo que nos dice la antigua oración irlandesa: date tiempo para trabajar (o estudiar), que es el precio del éxito; date tiempo para pensar, esa es la fuente del poder; date tiempo para leer, eso es el fundamento de tu sabiduría; date tiempo para amar y ser amado, es tener el privilegio de los dioses; date tiempo para reír, pues la risa es la música del alma; date tiempo para jugar, pues es el secreto de la eterna juventud; date tiempo para soñar, hacerlo es como enganchar tu vida a una estrella; date tiempo para apoyar a los demás, pues la vida es demasiado breve para ser egoísta; date tiempo para hacer amigos, ya que ése es uno de los mejores caminos hacia la felicidad; date tiempo para disfrutar a tus seres queridos, pues es la fuente de una gran felicidad.

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