Cultivo una rosa blanca


Cultivo una rosa blanca en junio como en enero, para el amigo sincero que me da su mano franca...

José Fernández Díaz País Guantanamera. Sobre un verso de José Martí

Cuando los barbudos rebeldes que comandaba Fidel Castro entraron a La Habana que había abandonado Fulgencio Batista la primera semana de 1959, Miguel Mario Díaz-Canel era tal vez una ilusión o un proyecto de su madre,

la maestra Aída Bermúdez en la provincia de Villa Clara. Díaz-Canel nacería en esa provincia el 20 de abril de 1960. Hoy es el primer líder cubano que nació después del triunfo de la Revolución Cubana, que iba a estar –hasta el día de hoy– bajo el mando de los hermanos Fidel y Raúl Castro.

No llegaron –como sin duda era su intención aunque nunca lo confesaron en sus inicios– a las seis décadas en el poder. Originalmente, Fidel se comprometió a convocar elecciones y restablecer el sistema parlamentario que había anclado en la isla desde los tiempos de Prío Socarrás.

Un poco el rumbo que tomó el gobierno cubano para llegar a convertirse en un país socialista fue consecuencia del pésimo manejo de los Estados Unidos. La hostilidad hacia los Castro fue lentamente arrojando a Cuba al regazo de la Unión Soviética, cuando el bloqueo económico y la invasión armada de Bahía de Cochinos no dejó más salida que adherirse al bloque soviético.

Hoy Miguel Díaz-Canel es el presidente del Consejo de Ministros y del Consejo de Estado de Cuba; Raúl Castro, octogenario, conserva para sí todavía el cargo de Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, el único que existe. Hoy termina toda una época histórica para Cuba y para América Latina, sin que este hecho más bien simbólico quiera decir que Cuba entre a un período de transformación democrática que más tarde o más temprano tendrá que darse. Díaz-Canel es un burócrata comunista formado primero en las fuerzas armadas revolucionarias y luego en la universidad: ha sido ministro de Educación, con especial interés en el arte y la cultura. No hay que olvidar que los logros principales de la Revolución Cubana se han dado, en estos 60 años, especialmente en los campos de la cultura y la educación.

Sin embargo, no hay barruntos de que Cuba entre en una transformación radical, con la existencia de partidos políticos o libertad de expresión.

La presencia de los Castro sigue ahí en la persona del hijo de Raúl, Alejandro Castro Espín, que mantiene una autoridad alta entre los mandos militares cubanos. Pero se está dando por lo menos un cambio generacional: las corrientes de oposición cubana tienen una esperanza vaga de que la nueva generación, la que nació después del triunfo de los Castro, tengan una sensibilidad mayor para una apertura democrática.

No, no se está cayendo el régimen comunista en la isla, pero puede aligerar su carga. Falta ver la respuesta a este cambio por parte de los Estados Unidos de Trump. Si atendemos a nuestra experiencia reciente, hay muy pocas posibilidades de cambio.

PILÓN.- El ingeniero Carlos Slim no necesita que nadie lo mande a fastidiar a Andrés Manuel. El prurito de quien ve en cada disidencia una conspiración no se borrará con la negativa de Los Pinos o del mismo empresario. Lo preocupante es la estigmatización que hace El Peje. Para él, la obtención de éxito económico es sinónimo del mal. El estancamiento y el fracaso del individuo es sinónimo de virtudes del pueblo bueno.

Esa es la verdadera amenaza.


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