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¿Cultura o seguridad?


Hace pocos días dos incidentes de tránsito llamaron la atención en el Área Metropolitana de Monterrey: el atropello de un ciclista con su bebé y el atropello de una abuela con su nieta. En estos dos accidentes murieron tres personas: dos niños pequeños y un adulto.

Por curiosidad leí los comentarios que acompañan las notas periodísticas, casi me arrepiento. Los lectores pasan de la calidez y la empatía a las más extrañas consideraciones sobre lo que hacían las víctimas, si había o no otras maneras de que éstas se desplazaran por la vía pública, sobre la no culpabilidad de los conductores y sobre la locura, culpabilidad, imprudencia e irresponsabilidad por parte de... las víctimas. Los más sensatos y bien intencionados cierran el tema con frases que rememoran Fuente Ovejuna: es que no hay cultura, falta mucha cultura vial.

¿Es éste un problema de "cultura"? Depende, sí y no. Depende de la definición de cultura. ¿A qué cultura se refieren? ¿A la cultura de

los peatones, la del conductor, la de los funcionarios públicos? ¿A la de los peatones en zonas pobres de la ciudad o a la de los que pueden hacer ejercicio en

los jardines de las más hermosas calles de la ciudad?

Sí, podríamos asumir que es un problema de cultura si aceptamos su más amplia definición: todo lo que el hombre hace, hábitos, costumbres, forma de vivir. Si esto es así, entonces la idea de cultura remitiría a la forma en que nos movemos en la ciudad, la manera en que se diseñan las calles y la forma que se prestan los

servicios para la movilidad. En esta visión peatones y ciclistas no existen o no tienen relevancia para el diseño y construcción, por eso no tenemos

infraestructura ni servicios para ciclistas y el espacio público es tan pobre. 

Sólo en esta visión se entiende que el espacio público se encuentre capturado por intereses particulares, tanto que los peatones no pueden transitar, muchas veces, ni siquiera sobre las banquetas.

Si aceptamos que es un problema de cultura, tendríamos que aceptar que tenemos una cultura, como colectivo social, muy pobre.

No, definitivamente no es un problema de cultura si esa idea remite a culpar a las víctimas.  No, definitivamente no, si esta idea se utiliza para diluir responsabilidades. No, si eso sirve para exculpar a los actores que normalmente no aparecen en estos temas: quienes diseñan, construyen y operan las calles. 

Las cifras son abrumadoras como para remitirlas sólo a un tema de "cultura" de los usuarios. Breve numeralia: I) En 2015 hubo 399,390 accidentes en todo el país; II) El 22% se registraron en Nuevo León (87,190); III) De éstos, el 99% fue en zonas urbanas, para fines prácticos en el Área Metropolitana; IV) Los saldos: 10,123 heridos y 640 muertos; V) De los muertos, 73% fueron peatones y ciclistas (467); VI) La tasa de accidentalidad en Nuevo León (46.70 accidentes por cada 1,000 vehículos), es casi cinco veces más grande que en el país (9.90). 

Cultura no es igual que seguridad. No. La cultura, referida a los hábitos y costumbres, no puede superar limitaciones o circunstancias que impone el diseño de las vías o de los servicios para la movilidad. 

Los bien portados, cultos por excelencia, tienen que caminar por el asfalto si no hay banquetas. Los ciclistas cultos, bien portados, tienen que compartir espacios con autos y/o peatones si no disponen de un espacio exclusivo. Y es mucho pedir, a cualquier culto peatón, que utilice un paso peatonal si eso lo obliga a subir y bajar el equivalente a dos o tres pisos y 100 metros adicionales a los que tienen que caminar para cruzar una simple calle urbana.

Para que haya seguridad tiene que haber cultura, y esa cultura colectiva se tiene que reflejar en el diseño de infraestructuras y servicios para la movilidad, independientemente del nivel de ingreso de las personas, edad, género o nivel educativo. Esa forma culta de hacer ciudad tiene que centrarse en la protección de los más débiles: peatones y ciclistas, adultos mayores y niños, personas con discapacidad. 

Las calles tienen que ser espacios de encuentro y ciudadanía, no un espacio donde los débiles luchen por su vida.



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