De imperio a paria


Partamos de una premisa conspiranoica: Trump quiere hacer a EUA grande otra vez, y para ello debe combatir contra quienes buscan desaparecerlo no solo como potencia sino como país. No opino al respecto, no sé si su visión es realista o paranoica. Pero puede explicar sus decisiones, que nos parecen tan absurdas a los puristas.

¿Qué nos sorprende, por ejemplo, de que Trump comience a aplicar aranceles a sus importaciones (políticas comerciales mercantilistas, supuestamente arcaicas y superadas), si su objetivo (repito: en esta hipótesis conspiranoica) no es la mejoría de la economía global sino la supervivencia de su país, que “otros” quieren degradar de imperio a paria?

Sus críticos acusan a Trump de dar “patadas de ahogado” con sus alardes belicosos y proteccionistas. Ajá, exacto. ¿Y no es precisamente eso lo que hacen los que se están ahogando: lanzar patadas desesperadas? EUA, como imperio y como país mismo, se está ahogando desde hace años. Trump lo tiene muy claro (contra los millones de gringos globalistas-bluenecks que ni se lo imaginan y viven en la permanente ilusión crediticia-fíat de una “recuperación” que nunca existió) y está dando patadas. Otra vez, ¿qué tiene eso de raro?

Sí, sí habrá guerra comercial y todo mundo la pasará peor que si no hubiera guerra. Eso es lo que hacen las guerras, ¿no? Lastiman e todos los involucrados, e involucran incluso a quienes no tienen vela en el entierro. Y sí, la economía global estaría mucho mejor si todos los países se comportaran racional y globalmente. El problema es que el sistema global ya tiene dueños, no quieren a Trump para nada, rebasa a EUA y peor aún: exige su sacrificio en el altar de la globalidad.

En todo caso, parece que la opción no es nada fácil: habrá guerra comercial o guerra militar. Ambas son muy destructivas, pero lo es menos la comercial.

Comercio libre… ¿pero controlado?

Comencemos por lo básico. Eso que llaman “libre comercio” es todo menos libre. El mero hecho de que todo, hasta el mínimo detalle, esté pactado, regulado, vigilado, sancionado, limitado, asignado, repartido, tarificado, jerarquizado, etc., es prueba y expresión de que no es “libre”.

Steve Bannon fue el estratega de Trump para ganar la presidencia. Bannon acaba de dar una conferencia en Zurich (http://bit.ly/2tVK61S). Sus palabras son la clave del asunto: “El libre comercio es una idea radical cuando tú te opones a mercantilistas que comercian entre sí; esa idea radical sólo puede hacerte perder. Y la inmigración ilegal existe solamente para reprimir los salarios”.

Eso es el TLC, Tratado de Libre Comercio (o su versión anglo, NAFTA). Es una contradicción en términos, un oxímoron (prostituta casta, político honesto, hielo abrasador, graciosa torpeza, oscuridad luminosa), que reventaría el cerebro de cualquier estudioso de lógica elemental. Pero nadie ha acusado jamás a los globalistas de ser lógicos. En este contexto, y sobre la premisa conspiranoica señalada arriba, el enfoque proteccionista de Trump es lógico. En ese esquema, el camino hacia el totalitarismo más cabal está empedrado de tratados de “libre” comercio, de los cuales el TTP y el TPIP eran sendos escalones superiores al TLC, y por eso Trump los bateó sin ambages.

TPP 

(Trans-Pacific Partnership Agreement): “El Tratado de Asociación Transpacífico representaba el 40% de la economía mundial. Países firmantes: Estados Unidos, Japón, Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Iba a mover unos $28 billones (anglotrillones) de PIB (un tercio de la economía mundial). Los críticos decían que este pacto no era beneficioso para Estados Unidos.

Los sindicatos gringos aseguraban que el TPP supondría un perjuicio para el empleo americano pues, al unirse con países cuya mano de obra es más barata, buena parte del comercio interior se resentiría gravemente. Para reconstruir el país con mano americanas, Trump sacó a su país de esa ¿asociación-club-rebaño-holding-corporación al estilo fascista? En todo caso, el punto de vista oficial del sistema jurídico de EUA es que el TPP (y todos los tratados o acuerdos que, como también el TTIP, subordinan las cortes federales gringas a tribunales internacionales) son inconstitucionales.

TTIP

Wikipedia: “The Transatlantic Trade and Investment Partnership es un acuerdo comercial propuesto entre la Unión Europea y los Estados Unidos, considerado por los EUA como un acuerdo complementario para la Asociación Transpacífica (TPP). Las negociaciones se interrumpieron indefinidamente después de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de 2016”. (¿Sólo “comercial”, cuando tiene brutales implicaciones políticas, jurídicas, sociales? Es como decir que el descubrimiento de la escritura por el hombre primitivo no fue más que “la habilidad para pergeñar unos cuantos signos en la arena”).

Estas medidas de secrecía extrema dan cuenta del carácter fascista, ferozmente antidemocrático, de ambos tratados: “Sólo unas pocas personas pueden acceder a los documentos conocidos como ‘textos consolidados’, los borradores que contienen los resultados más recientes de las negociaciones. En el lado europeo, los lectores autorizados incluyen a los negociadores de la Comisión Europea, diputados al Parlamento Europeo y diputados de los miembros de la Unión Europea.

“Los documentos (de ambos tratados) ya no se transmiten como documentos electrónicos o incluso impresos. Sólo están disponibles en salas seguras en el cuartel general de la Comisión Europea en Bruselas, en varias embajadas de los Estados Unidos y en las oficinas de los ministerios de comercio de los Estados miembros. En todas estas salas aseguradas, los teléfonos u otros tipos de dispositivos de escaneo están prohibidos. Se proporcionan hojas de papel en blanco, marcadas con los nombres del lector, en las que los visitantes pueden anotar sus notas. En el lado estadounidense, el procedimiento es similar: sólo los senadores y los negociadores de USTR pueden acceder a los documentos y deben cumplir con condiciones similares”.

Los críticos (europeos y gringos) señalan que esos tratados pretenden “reducir las barreras regulatorias al comercio para las grandes empresas, cosas como la ley de seguridad alimentaria, legislación ambiental, regulaciones bancarias y los poderes soberanos de las naciones individuales. Son ataque a las sociedades europeas y estadounidenses por parte de las transnacionales”.

¡Es la supervivencia, estúpido!

¿Te queda claro por qué el esquema MAGA (Make America Great Again) era absolutamente incompatible con el TTP y el TTIP, y tiene tantos puntos de roce esencial con el TLC? Es cuestión de supervivencia. Si TTP y TTIP nacen, los países mueren… incluido EUA. Y la facción de gringos que tiene a Trump como mascarón de proa, está decidida a no permitir que nadie entierre a EUA, aunque ya no sea imperio o no sea más que, con China y Rusia, una de las potencias de un mundo tripolar. ¿Quién impondrá a la postre su modelo: los globalistas o los nacionalistas? Haz tus apuestas.

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