¿De qué está lleno tu corazón?


Es increíble como corre tienta sobre justicia, venganza, enojo, castigo, etc. En cierto sentido somos una sociedad con una cultura muy puritana y exigente para unas cosas, y muy condescendiente y de vista gorda para otras. Nos hemos vuelto poco tolerantes, condescendientes, comprensivos e incapaces de tender la mano al que cae. En lugar de tener una sociedad más humana, nos deshumanizamos y encandilamos buscando "óscares" momentáneos sin llegar a trascender, vivimos para vivir y no para ser extraordinarios en lo que hacemos. Jesús nos invita a no cegarnos, y que nuestra ceguera nos nuble de la realidad, llevándonos incluso a sentirnos guías y maestros de los demás. Para eso es necesario estar en discernimiento constante sobre qué es lo que hay en nuestro corazón.

Lo que hay en tu corazón se revela en tus palabras. El libro de la Sabiduría se escribe en una época muy cercana ya a la venida de Jesús. Se trata de un hombre que ha viajado mucho, que conoce el corazón del hombre. Sabe ver y admirar a Dios, que se encuentra en "todas las cosas". De ahí que su tarea consista en brindar al pueblo un buen manual que le facilite la vivencia de la sabiduría y el temor de Dios, que le ayude a profundizar en su fe en el Señor. Hoy vemos un extracto en el que expresa lo que hay en el hombre, que se revela por sus palabras y por sus hechos. No es el juzgar precipitadamente, sino el examen, el discernimiento frecuente y objetivo el que proporciona al hombre el don de la sabiduría. Este discernimiento del bien y del mal es necesario cuando necesitamos optar si queremos conceder a una persona nuestra confianza. Por sus hechos y palabras demostrará que podemos fiarnos. Jesús lo dejará claro en el evangelio, analizar de qué está lleno el corazón de aquéllos a los que les entregas tu confianza. 

Analizar primero nuestros fallos antes que los de los demás. Jesús en el evangelio lo ejemplifica extraordinariamente, las enseñanzas sobre el ciego que guía a otro ciego y la de los árboles que dan buenos o malos frutos se aplican a todo mundo, empezando por los mismos discípulos, que de este modo son invitados a hacerse autocrítica seria. No debemos creernos demasiado sabios ni pretender dirigir a los demás, sino que tenemos que conocer cuáles son nuestras propias posibilidades y la necesidad que todos tenemos de aprender y buscar luz. El cristiano siempre debe estar en estado de aprendizaje, intentando llegar a ser como su maestro, Jesús. No debemos corregir ni pasarnos la vida juzgando a los demás sin haber mirado antes si nosotros tenemos algo por corregir. El texto describe de una manera fuerte: "una viga en el ojo", pero es que también es muy absurda la pretensión de arreglar la vida de los demás, cuando uno tiene tantas cosas por arreglar en la suya. La pretensión de exagerar con esta imagen de la viga muestra que Jesús debía tener especial interés en prevenir a sus discípulos ante esta manera de actuar, y que debía pensar que era muy fácil caer en ella. Debemos estar atentos, evitemos caer en la crítica destructiva hacia los demás. Primero hay que reconocer nuestros propios fallos antes de ir por la vida buscando justicia y calumniando gratuitamente a los demás. Que tu corazón esté lleno de bondad y no de intenciones torcidas.

"Por sus frutos los conocerán". Son los hechos, el modo de hablar y de actuar, los frutos, lo que muestra quién es y cómo es cada persona. Es lo que resume la famosa frase de Jesús: "Por sus frutos los conocerán". Lo importante es saber qué llevamos dentro, qué criterios y qué actitudes de fondo nos mueven a actuar. Porque si lo que llevamos dentro es bondad, lo que aflorará serán frutos de bondad, mientras que si llevamos maldad, los frutos serán de maldad. Hay un "modo de ser", una manera de entender la vida y las relaciones con los demás, que es la de Dios, y otra que es contraria al Dios. Está claro que necesitamos conversión constante, un cambio profundo en la manera de pensar y de ver las cosas. Nunca olvidemos que el ser cristiano no es practicar o vivir piamente tres o cuatro cosas, ser cristiano es "un estilo de vida". Ser cristiano es vivir llenando el corazón de lo mejor y desechando aquello que nos lleva a sacar lo peor de nosotros mismos.


Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.



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