Debilidades de los presidenciales


Las campañas llegan a su fin el 27 de junio; del 28 al 30 el silencio, ni en redes pueden hacer promoción.

Como general en la noche previa a la batalla, los candidatos deben sostener reuniones privadas con sus estructuras de representación electoral, motivarlos y convocarlos a dar la mejor de las batallas.

Después de eso, el recuento de los daños, en el búnker de los triunfadores habrá promiscuidad, todos acogerán la paternidad del triunfo, en el búnker de los perdedores, desolación de orfandad, la derrota no tendrá madre.

Los presidenciales, a esta etapa de la contienda, deben tener claro cuáles factores internos y externos a la campaña les causaron costos electorales, es decir, aquellos que representan sus debilidades electorales.

Ricardo Anaya tiene entre sus principales elementos de afectación la forma en que surge su candidatura.

El frente que dio origen a la coalición de gobierno representa para este opinador, la mejor opción para alcanzar la gobernabilidad en un país donde la legitimidad de los gobiernos no se logra en las elecciones democráticas. Pero fue mayor la ambición de Anaya y Alejandra Barrales que el interés por el triunfo de la causa que enarbolaban.

Se repartieron las candidaturas cual botín y con ello zanjaron al interior de sus partidos, oquedad que no han podido cerrar. Lastimaron tanto a los grupos al interior que hay militantes panistas y perredistas trabajando contra sus candidatos.

Junto a la crisis de legitimidad por secuestrar la candidatura, Anaya ha debido superar los embates por la supuesta ilegalidad en la compra y venta de bienes inmuebles y sin poder probar su ritmo de vida, que supera los ingresos visibles.

José Antonio Meade tiene como los principales lastres electorales su origen tecnócrata no partidista, la crisis que vive el gobierno federal y la imposición del Presidente.

Tuvo que cicatrizar las heridas por su designación unidireccional, esto le llevó toda la precampaña y parte de la campaña, sin embargo, el tiempo no le da para lograr plena identidad partidista con el voto duro del PRI, principal partido que lo postula en la coalición.

Su cercanía con el gobierno federal le afecta frente a la sociedad, se le vincula con los problemas que marcaron al actual sexenio como la inseguridad, violencia, corrupción, gasolinazo y maltrato a los maestros.

Meade cargó durante su campaña la mala imagen del gobierno, aunado a que éste pareciera hacer todo por perjudicar al candidato oficial. Basta ver el gasolinazo; entre enero del año 17 y junio del 18, el costo de la gasolina Premium pasó de $17.85 pesos a $20.27 pesos por litro, un aumento de $2.42 pesos, equivalente al alza de 14% al litro en un año y medio.

El incremento de la gasolina contrasta con el del salario mínimo. Al salario se le aumenta menos del 7% y a la gasolina, 14 por ciento. Más ilustrativo el gasolinazo si consideramos que en enero del año 13 el valor del litro de gasolina Premium era de $11.48 pesos. El incremento ronda el 100% en lo que va del sexenio.

Andrés Manuel López Obrador cargó consigo su vinculación con la izquierda totalitaria de Chávez y Maduro en Venezuela, la inclusión de personajes con mala reputación como doña Elba y Napito, entre otros, además de la forma autoritaria en que se conduce, su afán por parecer bueno y perdonar a los pillos.

AMLO sumó a personas que salvaron la justicia por un mal procedimiento en el expediente o porque son prófugos, integró a los Gordillo en su planilla de plurinominales, lo que abre a la especulación sobre qué fue lo recibido a cambio de esos trofeos.

Su populismo exacerbado es otro lastre que carga y que lo aleja de los integrantes del círculo rojo de la opinión pública. Para muchos empresarios, comunicadores y líderes sociales, AMLO es refractario.

De Jaime Rodríguez basta decir que quien anda en campaña es "El Bronco", que ese es su fuerza y debilidad.

Los candidatos con posibilidades de éxito en la contienda llegan con más negativos que positivos a la recta final, luego de la elección sabremos si pesaron más sus cualidades o los lastres que en cualquiera de los casos, tiene el peso suficiente para hundir hasta el Titanic.


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