Del voto por despecho al voto útil


El voto por despecho es aquel que se emite con tal resentimiento que no importa si con éste se daña la misma persona, se afecta a terceros o se provoca una catástrofe democrática. En esta categorización del electorado aplica la máxima del macho mexicano: "si no es mía, no es de nadie".

El despechado puede flagelarse con tal de afectar al causante de su desamor y su dolor emocional, no le importa llegar al extremo del suicidio por cumplir su venganza. Esta explicación es pertinente porque el votante por despecho no centra su interés en elegir al mejor, sino en votar por quien sirva de instrumento para concretar su venganza contra el político o partido que le hirió emocionalmente.

La polarización es tal, que el triunfo no se juega entre una propuesta y otra, sino en ver quién es el capaz de impedir que llegue otro indeseable.

Lo peligroso de votar así es que se decide sin importar las consecuencias, sin pensar que habrá un costo elevado por pagar. Sin embargo, en la recta final del proceso, recrudece la batalla por el voto útil que invita a los despechados a hacer un frente común.

Los candidatos presidenciales abandonaron las propuestas y centran sus campañas en pedir el voto útil a aquellos que temen la llegada de un candidato en particular.

Lo hemos dicho en este espacio periodístico, la elección se polarizó al grado de que hay amloistas y anti-amloistas. En la esquina de enfrente están los priístas y los antipriístas, en medio de ambos grupos están el cambio o la continuidad.

Si evaluamos la ruta que tomó la campaña de Anaya encontramos que no pide el voto para sus propuestas; parte del supuesto de que el PRI va a perder, que el PAN es la continuidad de las políticas económicas emprendidas por el actual gobierno federal y, por consiguiente, quienes teman el arribo de AMLO, deben votar por Anaya para garantizar la continuidad vista desde el cambio, o lo que significa medio cambio.

Meade sigue el mismo camino, pedir el voto contra AMLO, parte del supuesto de que AMLO es un peligro para el país y, por consiguiente, ubicado ya en la segunda posición de las encuestas, se le deben sumar todos los votantes que temen la presencia del tabasqueño.

Es el mismo contenido, enfrentar al peligro partiendo de que es el único superhéroe capaz de contener al villano. El guión conlleva una serie de spot donde se revive el miedo a lo desconocido.

Por su parte, AMLO también llama al voto útil, convoca a los resentidos con los sistemas priísta y panista para cerrar filas en torno a su proyecto. Para el tabasqueño hay dos opciones, la suya que es opuesta al actual régimen y la del PRIAN que implican el continuismo en las políticas públicas en materia de economía, seguridad y generación de empleos, entre otros aspectos.

El voto útil ya está en marcha. Es a favor de AMLO o contra él, a favor del continuismo en las políticas económicas o contra las actuales políticas económicas. No hay duda que AMLO lidera las mediciones y, por consiguiente, es el rival a vencer.

La afirmación previa tiene como sustento el hecho de que en la guerra sucia que circula en las redes sociales y en los spot de los candidatos, el mensaje central es preferentemente antilopezobradorista y promueve el miedo a sus propuestas.

Es verdad que el 60% de la población no quiere a Andrés Manuel, pero también lo es que según las encuestas, el 70% o más de los electores no quiere a alguno de los candidatos, Ricardo Anaya no supera el 30% de las preferencias y José Antonio Meade anda por las mismas. Jaime conjunta más del 90% de rechazos, según las encuestas publicadas.

También es verdad que cerca del 50% nunca votaría por el PRI y otro tanto similar nunca votaría por AMLO. Pero, si los números son reales, en la final estarán AMLO y Meade por el desplome vertical de Anaya; estaremos frente a la elección del despecho que llama al voto útil.

Será una elección en la cual, quienes definan el triunfo, serán los que votaron por quien vengue su dolor emocional, sin importar que en la alegría esté implícito el castigo por los próximos seis años.


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