Delitos Electorales


La reforma político-electoral del 14, dividió el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) en tres leyes, una de ellas la Ley General en Materia de Delitos Electorales.

Esta ley reglamenta lo relativo a los delitos electorales en los que pueden incurrir los ciudadanos, en particular, los días previos a la elección y durante la jornada.

Existe en Nuevo León una Fiscalía Especializada en Delitos Electorales (FEDE), institución responsable de investigar y perseguir a este tipo de delincuentes.

Un delito electoral es toda acción u omisión de los ciudadanos, servidores públicos, candidatos o simpatizantes de candidato, que interfiera en el correcto desarrollo de la jornada electoral y atente contra el derecho al voto libre y secreto de cada elector.

El próximo domingo 1 de julio será la jornada electoral y como el desconocimiento de la ley no nos excusa de cumplirla, es importante conocer los delitos más recurrentes, para no cometerlos y para cazar mapaches en esta temporada.

Comprar votos es un delito, nadie puede ofrecer un beneficio material a cambio de condicionar tus preferencias electorales.

Antaño, se dice, fue una práctica recurrente; con la ciudadanización de las elecciones esta práctica disminuyó, cayó en desuso porque se concientizó al elector sobre la secrecía de su sufragio. El íntimo momento en la mampara para votar permite que nadie sepa en cuál sentido se emite el voto, aunque gracias a la tecnología haya quienes pretendan revivir este delito.

Retener credenciales para votar es otro delito. Nadie debe quedarse con la credencial de otro, menos aún los servidores públicos. Este delito es practicado por algunos candidatos que no tienen votantes en los sectores marginales, pues es aquí donde la necesidad hace vulnerable al elector. Al comprar y retener su credencial, el elector no sufraga y así se reducen los votos a favor del adversario.

Hace cuatro o cinco décadas se decía que hasta los muertos votaban, pues había quienes tenían dos o más credenciales para votar. Suplantar la identidad de otra persona o falsear datos para obtener una credencial del INE es un delito.

Movilizar electores condicionando su voto es otro delito. Hay que diferenciar; llevar a un vecino de "ride" no es delito, organizarse con la familia, amigos o vecinos tampoco, el delito se presenta cuando se le exige votar por un candidato o partido en particular. Incluso, preguntar por quién se votará no es delito, la infracción a la ley comienza cuando se induce, presiona o condiciona la intención del voto.

Hay delitos específicos para los servidores públicos, entre ellos el desvío de recursos económicos, materiales o humanos para un partido político, candidato o campaña política.

Que un servidor público haga proselitismo –a favor o en contra– en sus horarios de trabajo es ilegal; hacerlo fuera de horarios laborales es legal y permitido.

Un delito recurrente es el de condicionar los beneficios de los programas sociales a cambio del voto. Es reprobable porque se lucra con la necesidad de la gente. 

En las dependencias gubernamentales es común que soliciten la credencial del INE ante algún trámite, ésta es la forma que tiene el servidor de constatar ante las auditorías que el recurso público se ejerció debidamente. Pero, de eso a usarla con fines electorales hay gran distancia.

También es delito que los empresarios, directivos o cualquier puesto de autoridad en las empresas exijan a sus trabajadores que voten a favor o contra un partido o candidato en particular.

Recientemente algunos empresarios y jerarcas de la Iglesia han hecho expresiones que sugieren inducción del voto, esas manifestaciones son indebidas. Será la autoridad electoral quien investigue y defina si se constituyó algún delito y cuáles son las sanciones, pero no hay duda que es incorrecto lo realizado.

Hay otros delitos, sin embargo, los aquí enumerados suelen ser los recurrentes; evite cometerlos o ser víctima de ellos, finalmente, en la soledad de la mampara donde se marca el voto, el momento es secreto, libre y privado.

Volver arriba