Desafiar los traumas


Da la sensación que Rayados ha empezado a ‘cascabelear’ en la etapa más caliente del semestre. Le ha bajado algunos decibeles a su futbol en la Liga y lo confirmó el miércoles en la Copa.

En los últimos tres partidos, Monterrey no ha sido sólido en un todo. Un equipo puede tener un partido flojo, pero debería preocuparse cuando las alertas se multiplican.

Sufrió en Puebla para imponer su juego, batalló en Pumas –pese al triunfo– y frente al humilde Leones Negros le regresaron los fantasmas que le estorban siempre en situaciones límites: la presión e impotencia.

Que Rayados no haya sido letal en sus últimos compromisos no sugiere ser tan molesto para Mohamed como sí lo es cierto relajamiento que observa en su equipo y que, traducido en su análisis, se describe como ‘pérdida de intensidad’.

Las señales que emite Mohamed son difusas. Por un lado está convencido de que Rayados está en condiciones de llegar al título en los dos frentes, pero por otro, duda sobre qué nivel tendrán sus dirigidos en los próximos partidos. Si no lo dice, lo piensa.

Quizás lo peor que le pudo haber pasado a Monterrey es asegurar la clasificación a la Liguilla tan anticipadamente. Envuelto en el confeti con el que todo mundo le celebra su notable estadística puede llegar a confundirlo, además de recortarle estímulos hacia el futuro.

Rayados todavía no ha ganado nada como para sentirse pleno. Sumar mucho en el torneo regular no necesariamente le garantiza que al final del día sea el mejor de todos.

Lo difícil y más valioso es mantenerse competente, cuestión que como equipo está obligado, no solo a refrendar en cada partido, sino a potenciar, porque el grado de dificultad va ascendiendo. Monterrey, a la luz de lo que hoy ofrece, parece ir a la inversa.

La Copa MX ya le advirtió de lo poco que sirven los números. La muy buena campaña en la Fase de Grupos pudo quedar atorada en las garras de un equipo inferior en el primer cruce eliminatorio.

Pero así, y todo, tuvo suerte. No avanzó a Cuartos de Final por una justificada y calificada capacidad futbolística, sino por cuestiones fortuitas en la serie de penaltis. Tuvo que pisar la tierra para sacudirse ciertos aires de suficiencia que le ha inyectado su fructífera campaña.

El problema no es tanto la rotación de futbolistas, sino la despresurización colectiva por alejarse del concepto. Ha regresado a las lagunas y su nivel de vulnerabilidad ha aumentado. El problema no es de horma, sino de forma, en esa búsqueda de cómo ganar y respaldar lo conseguido.

Sigue vivo en los dos torneos: en la Copa MX de casualidad y en la Liga, por ahora, por lo demostrado hasta un par de fechas atrás.




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