Despertar


“Humpty Dumpty en un muro se sentó. Humpty Dumpty de ahí arriba se cayó. Ni todos los caballos ni los hombres del Rey pudieron a Humpty recomponer”, Rima infantil

Hay momentos en que sentimos que el mundo se rompe en pedacitos. Lo que había funcionado, bien o mal, ya no funciona. Y es que cambiamos, todo el tiempo lo hacemos. La transformación es parte de nuestra naturaleza. Pero en ocasiones, los valores chocan, los viejos con los nuevos. Que los hijos obedezcan, que sigan nuestras reglas pero que sean independientes y autónomos. Que haya conciencia ecológica, pero no desaparece ese gusto por consumir. Que los horarios de trabajo dejen tiempo para la familia, pero que el comercio abra 24/7. Valores opuestos conviven.

Entonces vemos a mujeres marchando por las calles de las ciudades con un mismo fin: acabar con la violencia sexual en el mundo. Y aunque en algunos lugares las mujeres esconden sus rostros bajo la burka, la marea rosa ya no puede detenerse, en el tiempo, las inundará también. París, Berlín, Sydney, Londres, Washington, Los Ángeles, en fin, ciudades con dignidad pintada de rosa. El movimiento Marcha de las Mujeres desbalancea a un viejo Humpty Dumpty. Por años observó la tolerancia femenina desde su muro, pero el discurso cambió. La mujer despertó a una feminidad que no es lucha de sexos, sino el descubrimiento del derecho a su dignidad. Feminista. La palabra ya no suena como amenaza de guerra, su significado se llena de justicia, por eso tantos hombres se unen al movimiento, se dicen feministas con orgullo de varón.

Las sociedades despiertan constantemente, creencias erróneas caen de sus muros, se rompen, algunos tratan de reconstruirlas como el racismo que insiste en predecir la calidad de las personas (como si existieran distintas calidades) basándose en el color de la piel. Es la resistencia al cambio. Los valores opuestos conviven, el cambio cuesta porque junto con la idea, también se rompen estilos de vida.

Mira el concepto de felicidad, es una idea bastante reciente, disruptiva. Otro Humpty Dumpty caído de su muro; reclamaba el sufrimiento con promesa de felicidad en la otra vida. “Lo que quiero es que mis hijos sean felices”, se escucha como mantra de la maternidad moderna, porque no recuerdo a mi mamá o a mi abuela haciendo la petición con tanta insistencia. Al principio la idea chocó con lo anterior, el deseo de ser feliz parecía superficial, hasta egoísta, y poco a poco ocupó su lugar en el muro de las creencias compartidas que hacen cultura.

Las creencias que sostienen nuestros valores cambian con la historia de los pueblos y con el desarrollo personal de cada uno de sus ciudadanos. La sabiduría compartida empieza a ser sospechosa como esa idea de que los reyes gobernaban por un derecho divino, y entonces despertamos. Los mismos ojos observan la realidad, pero la mirada es nueva.

Así, la corrupción puede dejar de ser un “pecadito” del que cualquiera es culpable. Un valor falso que a base de repetición ha generado suficiente confianza para convencernos que “el que no transa no avanza” o que poquito es nada. Pero las condiciones de nuestra existencia cambian y las creencias que nos mueven también. Sospechamos. Despertamos. Marchamos.

Cambia el discurso, nos decimos que la mujer no merece violencia, que la corrupción destruye personas y países, que podemos ser felices, y cambia la forma en que percibimos nuestros derechos y también los derechos de los demás. Despertamos. Cambiamos paradigmas. Y entonces, a Humpty ya no lo podemos recomponer.

Twitter: @Lucy_dellaguno

lucy@humanae.mx



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