Diferencias entre hombres y mujeres


La variabilidad individual en la metabolización del alcohol es alta y ello se debe a factores genéticos, patrón de consumo, edad y género, entre otros factores. 

En relación al género, las mujeres presentan una menor actividad de la ADH gástrica que los hombres, una de las enzimas encargadas de metabolizar el alcohol, y este hecho implica que a igual cantidad de alcohol ingerida, la mujer alcance una mayor concentración plasmática de etanol que el hombre.

Una de las principales complicaciones médicas del abuso de alcohol es la que afecta al hígado. El riesgo de toxicidad hepática se ha establecido en tasas relativamente bajas de alcohol consumido (30 g/día) y las mujeres bebedoras de riesgo muestran entre dos y cuatro veces mayor probabilidad de desarrollar toxicidad hepática que los hombres. Otra complicación severa es el daño que se le hace al intestino y como el alcohol destruye la flora intestinal (elimina bacterias positivas de nuestro intestino provocando depresión o fatiga o alteraciones en el estado de animo).

Las alteraciones nutricionales asociadas al alcoholismo crónico son bien conocidas; su origen es multifactorial, aunque la causa más invocada es una dieta inadecuada. Más de la mitad de las calorías ingeridas por individuos con alcoholismo crónico están ligadas al etanol, si bien éstas carecen de propiedades energéticas. Además, el consumo crónico de alcohol interfiere en la digestión, absorción y metabolismo de los principios inmediatos, vitaminas y oligoelementos. Los efectos metabólicos del alcohol en el organismo son múltiples e incluyen, entre otros, alteraciones en el metabolismo de los carbohidratos y las interacciones del etanol con el metabolismo de los lípidos que favorecen la movilización de grasas a los tejidos.

Otras alteraciones como la hipertrigliceridemia y la hiperuricemia o exceso de ácido úrico en la sangre, se han asociado con el consumo excesivo o diario del alcohol.

Los estudios que revelan las alteraciones clínicas del alcoholismo en mujeres son escasos y ello puede ser debido a un menor número de mujeres bebedoras de riesgo respecto a los hombres, a una menor demanda de tratamiento por parte de las mujeres respecto a los hombres o a otros factores. Dada la incorporación de la mujer occidental a patrones de consumo excesivo o perjudicial de alcohol, similares a los de los hombres, es oportuno profundizar en la distribución de algunas alteraciones clínicas relevantes en pacientes bebedores.

En un estudio realizado a 480 pacientes consumidores de alcohol habituales por los hospitales universitarios de Bellvitge (L’Hospitalet de Llobregat) y Germans Trias i Pujol (Badalona), en Barcelona, encontraron que la anemia era una consecuencia del alcoholismo, siendo más frecuente en los hombres que en las mujeres (32.3% Vs. 21.4%); la frecuencia de alteración de creatinina sérica, un subproducto químico que nos habla del estado renal, en las mujeres fue el doble que la de los hombres (28.2% Vs. 14.6 por ciento). Asimismo, se observaron alteraciones en la ferritina –la proteína encargada de transportar el hierro en la sangre–, éstas fueron significativamente distintas en hombres y mujeres, ellas presentando una disminución de la misma, y para ellos observándose un aumento, pero de manera general, es un marcador para hepatopatía alcohólica. Queda establecido así, que el hígado es uno de los principales órganos afectados por el abuso de alcohol. También se encontró una deficiencia en la flora intestinal ocasionando tanto depresión como fatiga.

En dicho estudio el IMC (índice de masa corporal) fue significativamente superior en las mujeres que en los hombres. El 29.2% de las mujeres tenían un IMC > 30 kg/m2 en contraste con un 7.9% de los hombres. Este hallazgo, poco descrito en estudios, afirma el rol del alcohol en el sobrepeso y la obesidad. En ese sentido, es conocido que la metabolización del alcohol es más lenta en las mujeres y ello, además de factores genéticos y conductuales, pudiera contribuir a esta diferencia.

El alcoholismo es una enfermedad crónica con elevado riesgo de complicaciones graves y de muerte precoz. Las alteraciones hepáticas, nutricionales y metabólicas son relativamente frecuentes en bebedores de riesgo y han sido ampliamente documentadas en la literatura; sin embargo, las diferencias de género en el alcoholismo crónico son menos conocidas y ello puede ser debido a que, históricamente, el abuso de alcohol permanecía oculto en la mujer. Desde hace pocas décadas la mujer occidental protagoniza un rol social diferente y las pautas de consumo de alcohol se parecen cada vez más a las de los hombres. En la actualidad se sabe que, la cantidad de alcohol ingerida por adultos jóvenes con dependencia alcohólica es muy elevada y similar en ambos sexos; en ese sentido cabe recordar que el riesgo en mujeres es más alto que en hombres.

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