¿Discrimina el INE a Marichuy?


María de Jesús Patricio Martínez es una indígena jalisciense que aspira a contender por la vía independiente en la elección presidencial en representación de 48 pueblos originarios del país, pero su principal obstáculo es el uso de la tecnología que le exige el INE.

El mecanismo de registro del Instituto Nacional Electoral vía app le ha traído a Marichuy muchas dificultades para juntar las firmas. Los pueblos y las comunidades indígenas que le apoyan no tienen teléfonos celulares ni una red de telefonía disponible para que sus seguidores puedan validar su aspiración. 

Vale preguntarse si los consejeros del INE repararon en este particular detalle. Probablemente no. No pensaron, quizás, que los indígenas mexicanos también tienen derecho a participar.

Y lo que es peor, se olvidaron que el Instituto recibe dinero público y que, por obligación, debe accionar estrategias para integrar en las elecciones a las poblaciones marginadas.

La semana pasada el INE decidió modificar la regla para permitir que se pueda utilizar el formato manual para recoger firmas en 283 municipios marginados del país, además de prolongar una semana (hasta el 19 de febrero) el plazo para la recolección de rúbricas. 

Así y todo, a Marichuy se le complica llegar a muchas comunidades porque no todas están dentro del mapa trazado por el INE, según explicaron académicos e intelectuales que respaldan su candidatura. "Esto es nada menos que un referéndum sobre el racismo en México", dicen.

La precandidata es vocera y representa al Consejo Indígena de Gobierno (CIG) y como tal, según denuncia la asociación civil que la impulsa, no es del agrado de muchos políticos –ni de las autoridades federales– que aparezca en las boletas electorales del 2018.

Al ya mencionado impedimento de poder acceder a todas las firmas que pudiesen lanzarla como candidata, el equipo de Marichuy cree, además, que la nahua de 53 años es víctima de supuestos sabotajes.

Comenta el equipo que, por ejemplo, durante recorridos de la caravana por las regiones indígenas de Chiapas, en los cinco caracoles zapatistas fue bloqueado el acceso a telefonía e Internet cuando normalmente sí funcionan. 

Casualmente, cuando apareció Marichuy se cayó la señal o el "sistema", como mejor quiera interpretarlo.

Hasta ayer, la postulante indígena apenas había podido juntar algo más de 33,000 firmas, muy por debajo de las expectativas y de las metas propuestas para los parciales semanales de aquí hasta febrero. 

Si bien es la tercera precandidata con más firmas, está muy lejos de los principales "independientes".

Sin embargo, la propia Marichuy es optimista. "A pesar de las trampas y dificultades que nos han puesto en el camino, seguiremos adelante y estaremos presente en las elecciones", dijo al iniciar esta semana una visita por municipios pobres de Veracruz.

La gira de la indígena ha tenido, hasta ahora, un marcado carácter anticapitalista y de promoción de organizaciones populares de resistencia. Trae letra y convicciones del EZLN, lo que de alguna manera provoca alergia en la arena política del país.

Sería bueno que una mujer extraída de las raíces mexicanas y que representa no sólo a 12 millones de indígenas, sino que a más de 50 millones de pobres, pudiera ser una opción en las urnas. 

En fin, el punto no es que pueda –o no– llegar a ser candidata, sino como sospecha Marichuy, lo difícil es que la Ley, el INE y otros factores la dejen llegar.

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