Monterrey
Alejandro Arredondo
El toro es cultura

El arte de ser gitano


De espíritu indomable, víctima de persecuciones y discriminación, el pueblo gitano, canastero, flamenco, cantaor, bailaor y torero, conjuga emotividad y dramatismo en su quehacer artístico.

En el devenir del tiempo, la etnia gitana se ha caracterizado por su espíritu nómada e indomable, cargando una pesada losa de dolor, de sufrimiento, de hambre y de rebeldía, un pueblo duramente castigado; víctima de persecuciones, de marginación y discriminación; con fama, no sabe si bien o mal ganada, pesa sobre ellos acusaciones de todo: vagos, ladrones y malvivientes, un pueblo en el que como en toda comunidad, existen buenos y malos.

El gitano es de naturaleza sensible y musical, alegre, orgulloso de su estirpe, que vive la vida a su aire, con costumbres propias que perduran desde tiempos inmemoriales.  Pueblo que ha sabido de alguna manera canalizar por vías positivas, agravios y amarguras y transformarlas la mayor de las veces en manifestaciones artísticas que han trascendido a sus comunidades en tiempo y en espacio.

Proceden de tierras lejanas y después de más de mil vicisitudes arriban a la península ibérica y se establecen en Andalucía, encontrando terreno fértil, pese a las dificultades de su integración, tomando carta de naturalización donde mutuamente influenciaron y se influenciaron con los usos y costumbres de los habitantes de la región.

Se dice de los gitanos, el que no es flamenco es canastero, este último tradicional oficio que desempeñan los gitanos de hacer cestos.  Pero si se trata de flamenco, por una parte se transparenta y se sintetiza la vida, la gracia y, por otra parte, el misterio y el sufrimiento del pueblo gitano; ya sea si se es cantaor o cantaora, bailaor o bailaora, o al toque en la guitarra; pero también es importante y sobresaliente dentro de la comunidad gitana el oficio de torero, imprimiéndole un acento singular, conjugando emotividad y dramatismo, oficio desde luego aprendido y de la mano de la ascendencia de las comunidades vecinas.

Digamos un poco como los cantes de ida y vuelta.

Son estas expresiones artísticas, el flamenco y la tauromaquia, donde el gitano manifiesta ostensiblemente con intensidad el carácter de su pueblo, expresiones que de una u otra manera han ido entrelazadas a través del tiempo creándose un vínculo casi indivisible, como dice José Bergamín: “… Como en el canto y baile flamencos, acompañantes invisibles, inaudibles, inseparables del arte mágico de torear”.

El flamenco, oficio y tradición antigua que los gitanos han elevado a la categoría de arte y refrendando lo anteriormente expresado también cuando han actuado en los ruedos le han dado una muy personal característica, una inigualable expresión artística con gran identidad de sus matices y acompañada de la sensibilidad propia del pueblo gitano.

Continuará la próxima semana, primera de cuatro partes.




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