El Clásico y los ‘derechos’


El Club Monterrey ya avisó que no quiere violencia en el próximo Clásico y activó una serie de protocolos para garantizar la seguridad de los aficionados, lo que por contexto supone ser una medida extraordinaria.

Lo discutible, para los Tigres, es el efecto: la supuesta violación a sus 'derechos' por una serie de restricciones.

Rayados lo que quiere evitar es otro zafarrancho como el de mayo pasado cuando al calor de la eliminación, simpatizantes locales agredieron en las gradas y en los alrededores del estadio a gente visitante. Falló la logística y, obviamente, la protección.

Pero la culpa no fue de Tigres. Nadie le garantizó seguridad a los agredidos, ni nadie reaccionó a tiempo para frenar a los agresores.

A partir de entonces, Rayados cambió mecanismos de control para partidos a los que considere de ‘alto riesgo’. En realidad, esa etiqueta sólo es válida para cuando los visita un único adversario: Tigres.

La medida ha provocado polémica, porque para muchos es considerada una regla ‘discriminatoria’, toda vez que se prohibirá el ingreso a toda persona que lleve prendas o accesorios alusivos a Tigres. Por el lío de unos pocos, Rayados agarró parejo y se las cobró a todos.

Desde el club me aclaran que en ningún momento se atenta contra el aficionado visitante que quiera estar presente en el Clásico. El simpatizante de Tigres podrá ingresar siempre y cuando tenga su abono y no se identifique con los colores de su equipo.

Incluso, Monterrey ha habilitado un proceso excepcional de ‘personalización de abonos’, es decir, el cambio de foto y nombre del plástico por si algún felino quiere acceder por esta vía.

O sea, ingresar pueden, pero lo que no consideran justo los Tigres es que se le niegue vestir la camiseta de su club y tienen razón.

Si vamos al caso, Rayados también puede hacer lo que hace. Se reserva el ‘derecho de admisión’ amparándose en el artículo 58 del reglamento de la Profeco, que le permite al ‘proveedor’ del espectáculo aplicar dicha medida si entiende que puede verse afectada ‘la seguridad y/o tranquilidad’ del evento.

Desde la directiva del Monterrey me argumentan que existe “muchísima evidencia, y dada la última experiencia, que hay riesgos de que se pueda comprometer la seguridad en el Clásico” y, por lo mismo, apuestan a lo preventivo.

Pero, ¿todos los Tigres son violentos? Rayados me dice que no, sólo que se busca evitar posibles reacciones en las gradas, teniendo en cuenta que el estadio –malamente– no posee un lugar exclusivo para los visitantes. Es decir, por no saber controlar un pleito de borrachos, se tiró abajo toda una tradición.

En conclusión: ‘derechos’ hay de los dos lados. ¿Rayados puede tomar medidas? Claro que sí. Lo cuestionable es que el club haya llegado a este punto por no saber cómo proteger a los espectadores, paradójicamente, en el estadio más moderno y seguro del país.

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