El debate y la ignota ignorancia


Los invitados llegaron al evento, llevando cada uno un libro bajo el brazo. Cuando las preguntas de los anfitriones apuntaron sobre el contenido de esos libros, las respuestas de los cuatro comenzaron a llenarse de adjetivos calificativos, denuestos y de cifras que buscaron apantallar a la audiencia.

¿Qué "recursos" o salidas "decorosas" tiene alguien que lleva en sus manos un libro que no ha leído, para sortear las preguntas que se le hacen sobre su contenido? Precisamente, llenar de adjetivos y cifras las respuestas. De esa manera, nada de lo que diga le comprometerá y en cambio, saldrá bien librado, al apantallar con respuestas de bote pronto, incluso, mostrando en cartulinas los datos exhibidos verbalmente.

Les platico: la herramienta "fact check", utilizada en estos tiempos de las redes sociales para verificar en línea la autenticidad de información y principalmente de cifras, fue activada en mi computadora una hora antes del debate.

Conforme la danza de los datos se iba dando en abundancia por cortesía de al menos tres de los candidatos, comenzamos a filtrar esa información en el portal verificado.mx, protocolo creado por varias universidades en varios países, en colaboración con medios formales de comunicación y grupos de voluntarios que combaten las noticias falsas, o fake news.

A las 10:40 de la noche, cuando se redujo sensiblemente el flujo de datos, incluyendo los que fueron manejados por los tres moderadores, la herramienta "fast check" a la que habíamos ingresado tal información en busca de verificación, reveló un dato muy interesante: el 43% de las estadísticas citadas por los candidatos y –otra vez– por los moderadores, era incorrecta. Las imprecisiones fueron de todos los grados, porque la falsedad de una información manejada públicamente en redes o medios de comunicación va, desde una variación hasta la inexistencia de ese dato.

¿Qué fue todo esto alrededor de un debate tan desabrido como el de esta noche? La confirmación de que de buenos argumentadores, y eso no todos, no pasan los cuatro. La confirmación de su ignota ignorancia sobre la trascendencia que representa el puesto que se mueren por ocupar "para servir a la patria", y que tiene sólo como competencia a su descomunal ego y a sus aspiraciones de protagonizar cada uno un rol que ya se tienen bien aprendido:

Uno, el que presume de llevar una ventaja del 30% sobre su más cercano adversario y desdeña con su lenguaje no verbal los planteamientos en su contra que le dedican los tres, en menor o mayor grado. El mismo que se enreda en sus propios datos y se le enreda –también– la lengua cuando lo agarran a fuego cruzado el segundo y el tercero, sobre su gestión en pro de los pobres de la Ciudad de México durante su gobierno.

Dos, el que quiere jugar el papel de víctima y se envalentona al retar al puntero a que renuncie a su candidatura, si le demuestra con datos –no validados por el "fast check"– que premió con un contrato de mil millones de pesos al compadre suyo que perdió el concurso para la construcción de pistas del nuevo aeropuerto capitalino. Tres, el que sabiéndose gran perdedor de esta contienda, exhibe un estilo de fajador que le inventó su nuevo mánager, y que no va con él. Exhibe sus debilidades cuando busca la pelea cuerpo a cuerpo con el puntero y cuando el segundo la hace de sparring, también le surte a éste. Sin embargo, sus guantes son algodones que vuelven aterciopelada su pegada.

Cuarto, el que presume de logros en su gobierno, que sus gobernados no ven por ningún lado. El que habla de su estrategia presidencial de eliminar impuestos y se vanagloria de haberlo hecho en su estado, sin tomar en cuenta que dos días antes, su tesorero soltó el llanto porque debido a la cancelación de la tenencia, este año no les va a alcanzar ni para el

gasto corriente.

Amigos, los cuatro que quieren ser nuestro Presidente, no leyeron el libro que presumen bajo el brazo. Lo traen nomás para hacernos creer que lo leyeron.

¿En qué se parecen los cuatro en su mensaje final?: los cuatro dicen que quieren ganar.

Yo me quedé igual que cuando estaba antes del debate. Sigo sin candidato, aunque debo confesar que el segundo logró desmarcarse de sus contrincantes, y a estas alturas, eso ya

es decir mucho.

Si en Estados Unidos un día antes de las elecciones todas las encuestas daban a la Clinton como ganadora y miren lo qué pasó, ¿por qué en México no habría de suceder lo mismo?

CAJÓN DE SASTRE.

No sé a quién se le ocurrió darle tanto poder a moderadores que no están para esto. Ahora entiendo por qué uno de los originalmente designados para este evento, declinó y fue el único que tuvo el valor de hacerlo. Con razón.



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