Monterrey
Guillermo Muñoz Diego
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El día de un funcionario público


Los controles administrativos de la Administración Pública fueron diseñados para desconfiar plenamente del funcionario, donde éste tiene que acreditar siempre su inocencia ante cualquier trámite. A la par de las transformaciones nacionales, una tiene que ir vinculada a fortalecer la buena imagen al funcionario para que éste tenga la libertad de tomar más acción, y no ocupar su tiempo en llenar formularios, cuestionarios y oficios.

Mucho se ha hablado de las ostentosidades de algunos gobernadores y legisladores, pero se ha hablado poco del resto, que representan el vasto de los servidores públicos de nuestro país. Trabajar en gobierno, lejos de ser vacaciones, es un verdadero reto: las jornadas no duran menos de 10 horas, y el trabajo administrativo se vuelve exhaustivo y cansado para muchos. En mi experiencia personal, no hay una sola dependencia del gobierno federal que no conteste al teléfono a las nueve de la noche, inclusive funcionarios de alto nivel permanecen en sus oficinas pasadas estas horas.

El día de un funcionario es el siguiente: llega a su dependencia 10 minutos antes de la hora de entrada y todo parece estar desierto, el personal comienza a llegar a la hora de entrada o inclusive más tarde, muchos de ellos optan por tomar un café o desayuno a destiempo donde permanecen por más de media hora. El funcionario llega a su oficina para encontrar dos bultos de oficios que requieren su firma y revisión. “Cuidado”, debe pensar, toda firma obliga al funcionario a ser sujeto de responsabilidad de lo que está firmando cuando, en muchas ocasiones, no está enterado de todo el proceso que hay detrás. Después de una larga mañana revisando y firmando papeleo administrativo, acompañado siempre de un buen café, el licenciado debe comenzar a recibir personas. La mañana estuvo acompañada de múltiples llamadas que interrumpieron la labor de revisión y firma, por supuesto. Es tiempo de la comida, y todo el personal desaparece para dejar a algunas cuantas personas encargadas de los teléfonos. Se come al estilo godín, de esto, no hay diferencia con los oficinistas que trabajan en el edificio de al lado y que salen en grupo para llenar las fondas y “puestitos” aledaños. Una torta, unos tacos de canasta, y la comida corrida, son los manjares a degustar en los alrededores de la oficina del licenciado. Hasta su regreso, es que puede pensar en nuevas ideas que puedan enriquecer al área al que pertenece.

Esta crónica, no es más que la evidencia de que falta mucho por hacer en la administración pública; no obstante, es evidencia también de que, atrás de unas cuantas personalidades que salen en los medios de comunicación, hay una organización robusta que saca adelante a la Administración, en muchas ocasiones, sin tener las credenciales suficientes, se hace lo que se puede con lo que se tiene. Poco a poco, las transformaciones en nuestro sistema de gobierno evitarán que se privilegie a la ineficiencia, la irresponsabilidad y el desfalco. Acepto que nuestro sistema tiene muchas fallas: permanece un exceso de burocracia, los controles administrativos, lejos de eficientizar procesos, los vuelven lentos; hay un gasto innecesario en material de uso meramente administrativo (se tienen que hacer oficios, en ocasiones hasta para cambiar un foco). Este sistema de controles se gestó por el desfalco y la irresponsabilidad de generaciones pasadas.

Soy un convencido de que nuestro sistema está en constante cambio, y en que diversas transformaciones que se han llevado al cabo en las últimas administraciones han sido sólo para beneficiar al sistema. Soy también un convencido de que no toda la administración está podrida, corrupta y carcomida; lejos de eso, se cuenta con personas que con tal de obtener un ingreso seguro para sus familias y de mejorar los estándares de eficiencia de su dependencia, han estirado sus habilidades para poder lograr los objetivos que se les plantean, y sacar el trabajo a como dé lugar. 






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