¿El fin de los partidos políticos?


La democracia representativa tal como la conocemos está en crisis, los ciudadanos no se sienten representados por los políticos electos desde los partidos. Presenciamos la transición a una nueva visión democrática.

El reto es identificar hacia dónde va, cómo se transita al equilibro entre un sistema que represente a las mayorías y a la vez sea incluyente, plural y participativo.

El referéndum, plebiscito, consulta popular y presupuestos participativos son recursos de la democracia participativa que es una tercera vía entre democracia representativa y directa.

Hay otro elemento democratizante que impacta por su capacidad de transversalizar las decisiones públicas, de permitir la inclusión de los excluidos: las redes sociales.

En otros momentos he trabajado en la propuesta de democracia 3.0, es decir, una democracia intermedia entre representativa y directa; donde el ciudadano no deba esperar a una consulta pública para disentir de las decisiones legislativas.

Democracia 3.0 –propuesta propia– es una fusión de democracia representativa indirecta con el uso de herramientas de las tecnologías de la información y la comunicación. Donde el ciudadano puede deliberar, debatir, aprobar o rechazar temas del ámbito legislativo.

Democracia 3.0 es un ejercicio de esto que Isidoro Cheresky (2015) en su obra El nuevo rostro de la democracia llama "democracia continua".

Según Cheresky (2015) la democracia continua "prefigura una democracia distinta con posibilidades deliberativas y decisiones colectivas más amplias, y de presencia política, en el sentido de iniciativas públicas ciudadanas que ponen en juego la legitimidad en ámbitos que no son el electoral representativo".

El futuro de la democracia se ubica entre conciliar la democracia representativa y la participación ciudadana que ha dejado de circunscribirse a la elección y reclama mayores espacios de inclusión.

Giovani Sartori (2003) en su obra ¿Qué es la democracia?, señala que hay dos tipos de democracias, la directa, practicada por los griegos que es una forma de autogobierno y la indirecta o representativa. Esta apreciación es fundamental para entender la vigencia de los partidos políticos.

Los partidos políticos son partes de una sociedad, grupos afines como señala Maurice Duverger (2006) en Los partidos políticos. Son formas donde los grupos sociales defienden sus intereses dentro de las democracias representativas.

Sartori (2003) explica que los griegos vivían una forma de autogobierno, misma que requería tiempo completo de los ciudadanos para los asuntos públicos, por lo que concluye que la democracia indirecta o representativa es una forma de "corrección" a la democracia de los griegos.

La democracia representativa es necesaria en las sociedades actuales, y los partidos son formas de unir a los iguales para defender sus ideas ante las ideas divergentes en las sociedades plurales como la actual.

Los partidos políticos no están en extinción, si bien, están rebasados en sus formas por una sociedad que se siente excluida por sus decisiones; la solución estriba en exigirles que sean verdaderos espacios de representación ciudadana.

Para alcanzar el equilibrio entre partidos y representación, éstos deben pasar por un proceso de purificación. Están obligados a regresar al principio rector de la democracia moderna, una forma de gobierno que represente a las mayorías e incluya a las minorías excluidas.

La fórmula incluye el regreso a las definiciones ideológicas de los partidos, no entendidas como izquierdas o derechas en abstracción, sino poniendo en el centro del debate a México y sus necesidades, para luego presentar las propuestas de solución que cada partido ofrece y la viabilidad de éstas.

Los partidos deben ser democráticos, innovadores, capaces de entender la inclusión y la transparencia, abiertos a los afines y cerrados para postular en los espacios de elección y de gobierno solamente a los afines con su pensamiento.

Puedo sonar discordante al hablar de partidos cerrados, pero la actual crisis del sistema político estriba en el abandono de ideales y la aceptación de arribistas con intereses personales ajenos al ideario partidista.


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