El futuro de la democracia


Pareciera que la meta final es el 1 de julio del 18, que después de ese día no hay más, los partidos y sus candidatos juegan su resto a la jornada electoral próxima, olvidan que el 2 de julio, ganen quienes ganen en las cinco contiendas que se jugarán en Nuevo León, la vida sigue, incluyendo la vida democrática.

Algunos actores del proceso electoral –políticos, empresarios, candidatos, líderes sociales– están quemando sus naves como si no hubiera un mañana, esto es sin duda un peligro mayor para la democracia actual.

Sea quien gane la Presidencia de México el día primero, la economía, la sociedad y las instituciones seguirán su curso; el problema estriba que luego del desgaste por pleitos irreconciliables y la tensión posparto, o poselectoral se puede afectar la fluctuación del peso frente al dólar, las negociaciones con el TLC, el reavive de la delincuencia organizada y tantos otros temas vinculados a la gobernabilidad del país.

Los que deben replantear su futuro son los partidos políticos, los órganos de autoridad electoral, los medios de comunicación en lo relativo a su función político-social y los actores políticos mismos.

El futuro de la democracia depende de la solidez de nuestras instituciones democráticas. Los partidos, como parte de ellas, están en el desplome de su credibilidad.

Hoy compiten personas y no candidatos, se logró la perversa transición relativa a ponderar más a las personas que a las instituciones políticas. El ganador de la Presidencia no triunfará gracias a los partidos que lo postularon, lo hará porque es el caudillo más aceptado entre la población.

Entendiendo que la connotación de caudillo es peyorativa pues se emplea para referir a un liderazgo mesiánico, más cercano al populismo de manipulación a masas incultas, que al populismo basado en promesas irrisorias. Perdón la digresión, pero hay de populismos a populismos.

En este entorno donde las marcas de los partidos juegan un papel secundario, es necesario que sus dueños, perdón, sus dirigencias, se planteen las refundaciones, dejar de ser electoreros y vuelvan a la ideologización de las plataformas políticas.

Junto a lo anterior, está la urgencia de modificar la forma en que seleccionan sus candidatos. Para nadie es secreto que ninguno de los candidatos es representativo de los partidos que lo abanderan.

 José Antonio Meade es un ciudadano híbrido, sin militancia en algún partido y que surge gracias a que los tres partidos que lo cobijan permiten la presencia de candidatos no militantes.

Ricardo, "Canallín", Anaya surge de un sector del PAN, es excluyente entre su militancia, además representa dos partidos que años atrás jugaron con ideología de izquierda y combatieron al albiazul, aunado a esto, Anaya es un candidato refractario quien, lejos de unir a los partidos que lo postulan, los mantiene distantes con su proyecto.

El otro candidato es el independiente Jaime Rodríguez quien, junto a AMLO, es un caudillo populista de masas.

El futuro de la democracia en los partidos políticos pasa necesariamente por tres momentos: primero, se deben volver partidos, es decir, dejar de ser franquicia de una familia o una mafia al interior del mismo y de grupos que los usan como tarjeta de presentación.

Segundo, crear o reconstruir su militancia a la que se le dé sentido de pertenencia y se les respete el escalafón conocido como carrera de partido.

El tercer momento, es el de los premios, donde los cargos públicos, los de elección y los de partido, correspondan al mérito partidista, es decir, a la carrera de partido y los méritos que desde esa carrera hagan los militantes.

Deben dejar de buscar candidatos entre las personas públicas, la "artistocracia" y la "famosocracia", en artículos anteriores señalados como parte del futuro perverso que espera a la democracia en México.

El mañana de la democracia pasa por partidos renovados, por una ley electoral racional, transparente, básica, equitativa y justa, no el mamotreto que hoy tenemos; pasa también por gobiernos legitimados y transparentes, de no cumplirse estos elementos mínimos, nos encaminamos a un futuro incierto y donde la masa desborde al pueblo.

estudiospoliticos.mx@gmail.com


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