Monterrey
Roberto Martínez Hernández
El Diezmo Cívico

El gobernador interino


Para concretar sus aspiraciones presidenciales, Jaime Rodríguez Calderón alista sus maletas para salir del Palacio de Cantera, por lo menos, del primero de enero al primero de julio del 2018.

La Constitución Federal señala en el artículo 89 fracción VI que para ser presidente se requiere no ser gobernador de alguna entidad federativa, al menos que éste se separe de su puesto seis meses antes del día de la elección. Por su parte, la Constitución de Nuevo León estipula en el artículo 92 que nunca se concederá al gobernador licencia para separarse del cargo de forma indefinida, ni tampoco por un tiempo mayor a seis meses. El "Bronco" jugará con estas reglas para cumplir con los requisitos constitucionales de elegibilidad que necesita para su candidatura.

Para las voces que piden que el gobernador renuncie a su puesto y no regrese, cabe señalar que la constitución de nuestro estado, dota al cargo del carácter de irrenunciable, salvo el caso de causa grave calificada como tal por el Congreso de Nuevo León. Aunque la prensa local ha encontrado distintos acontecimientos que pudieran ser investigados oficialmente para imputar algún tipo de responsabilidad al gobernador, que eventualmente derive en la separación del cargo, lo cierto es que la premura del tiempo alcanza ya solamente para la estrategia siguiente:

El Bronco, esta semana, antes de la conclusión del periodo de sesiones de los diputados locales, solicitará al Congreso del Estado licencia para dejar de ser gobernador por el periodo exacto de seis meses; pidiendo que la misma, aunque esta semana se apruebe –porque requiere del voto favorable de 22 de los 42 diputados, o bien de la mayoría de los presentes en la sesión en que la licencia se discuta– se haga efectiva hasta el día primero de enero; exactamente seis meses antes de la elección federal. De esta forma, el Bronco puede cumplir con el requisito de elegibilidad del presidente que establece nuestra Carta Magna. En la misma solicitud, se estipulará que la licencia concluya el día 1 de julio del 2018, de forma que el día 2 de ese mes –gane o pierda– deberá de regresar a ejercer el puesto de gobernador para el que fue electo para cumplir con el requisito de no ausentarse por más de seis meses que señala la constitución local. De lo contrario, en términos del artículo 92 de dicho ordenamiento legal, después de ser llamado para que regrese a sus funciones, si no comparece queda cesado de su cargo.

No es cierto, como dijo el presidente del INE, Lorenzo Córdova Vianello, que en el 2018 puede haber elecciones para gobernador de Nuevo León. Pues para ello, tendría que haber una ausencia definitiva. Dado el carácter de irrenunciable del cargo, tendría que aprobarse una causa grave de renuncia calificada por el Congreso del Estado para que aquello suceda, o bien ser destituido el gobernador mediante un juicio político. Con dos días de sesiones que les quedan a los diputados locales, no hay suficiente tiempo para hacer una cosa u otra. Ni siquiera alcanza el tiempo para convocar a un periodo extraordinario de sesiones en el que una cuestión de esta naturaleza pudiera discutirse y aprobarse antes del primero de enero.

Creo que no existe ya ninguna duda respecto a que la solicitud de licencia del Bronco será aprobada favorablemente por la mayoría de los diputados del Congreso de Nuevo León. Se pronostica que esto se logre con el voto de apoyo de los diputados del PRI y sus aliados (la banca independiente, algún diputado del PT y el diputado de la Nuevo Alianza). Sin embargo, tampoco es cierto, como dijo el todavía gobernador en funciones, que alguno de los integrantes de su gabinete pueda ser electo gobernador interino para suplir su falta temporal. Lo anterior, dado que como acertadamente señaló Héctor Gutiérrez de la Garza, la constitución de Nuevo León establece en el artículo 82 fracción III que para ser gobernador se requiere no desempeñar el cargo de Secretario del Despacho del Ejecutivo, al menos que se separen al cargo cien días naturales al día de la elección para poder ser electos. Sin que en la constitución local se hagan distinciones respecto a los distintos métodos en que se puede "elegir" a un gobernador. Desde mi punto de vista, que un ciudadano sea nombrado por el Congreso del Estado como gobernador, implica indudablemente que aquella persona fue "electa" para el cargo a través de ese proceso constitucional.

La incógnita permanece, entonces, alrededor de la identidad del gobernador interino, que tomará las riendas del estado de Nuevo León por los próximos seis meses. En la prensa ha circulado la versión que para la elección del gobernador provisional se requerirá del voto de una mayoría calificada de la legislatura (dos terceras partes); es decir 28 de los 42 diputados. Sin embargo, a través del ejercicio que realicé en lo personal para verificar ese tema, no me fue posible corroborar esa opinión. Considero, que el nuevo gobernador se elegirá por mayoría simple; es decir, la mayoría de los diputados que asistan a la sesión en la que aquel asunto se desahogue.

Aunque no sabemos quién será el nuevo encargado del despacho de los asuntos del Ejecutivo desde el Palacio de Gobierno, sí sabemos y queda muy claro lo que los ciudadanos esperamos; puesto que la mayoría de los asuntos que se discutieron en los debates de las campañas del 2015 están aún irresueltos. Hay una oportunidad de esperanza. De que los diputados nombren, por consenso, a un gobernador ajeno a la política, que desinteresado por hacer campaña y por meter mano en las elecciones, se preocupe por una jornada electoral digna en nuestro estado y se avoque, a lo largo del semestre, a trabajar, atender los problemas de la comunidad y nada más.

roberto.mtz05@gmail.com

@Roberto_MtzH


Sigue leyendo...
Volver arriba