El Huajuco, sustentabilidad Vs. negocio


El crecimiento de la mancha urbana sigue su paso y ha tomado dos rutas, por un lado, crecer hacia arriba, regenerando zonas céntricas abandonadas por las familias y por la otra vía, posesionarse de la zona del Huajuco.

Atinadamente el alcalde regio, Adrián de la Garza, y su gobierno, ante el malestar de los vecinos en la zona, tomaron la decisión de frenar el cambio al Reglamento que permitiría edificios de 10, 15 o más pisos.

Los expertos han señalado desde hace años, la importancia de detener el crecimiento horizontal de la megalópolis regia. Detener la incorporación de más municipios conurbados a la metrópoli tiene como principio evitar el deterioro en la calidad de vida de las familias.

En la primera década del Siglo XXI, Nuevo León presumió ser el número uno de las entidades en construcción de minicasitas, hoy vivimos las consecuencias del desorden urbanístico propiciado.

Muchos compradores de esas viviendas en municipios como Zuazua, Pesquería y García; abandonaron los inmuebles, cancelaron los créditos o terminaron con la hipoteca en el buró de crédito. Muchas de esas viviendas son hogares de posesionarios y guaridas de malvivientes, el experimento falló.

En El Huajuco el tipo de viviendas es diferente, siendo la zona de mejor aire en la metrópoli, con vegetación nativa, áreas boscosas y mejor calidad de vida en los suburbios, se vuelve codiciada para los vivienderos, quienes ven potencial para viviendas residenciales de alto valor comercial.

Seguir creciendo la metrópoli en forma horizontal no es viable, conlleva el deterioro de las familias y la incapacidad para abastecer de infraestructura urbana a las viviendas de los municipios conurbados.

La crisis incluye cubrir los servicios básicos de agua y drenaje, pavimentación, transporte público, escuelas de educación básica, centros comerciales y otros servicios que son inherentes a la vida urbana del tiempo presente.

Para algunos urbanistas la solución estaba en regenerar el centro y crecer para arriba la ciudad, así nacieron los nuevos conceptos de edificios con espacios para oficinas, viviendas, centros comerciales, restaurantes y hasta gimnasio.

Su presencia no desactivó el uso del automóvil, por el contrario, contribuyen a saturar las ya de por sí asfixiadas arterias de la ciudad regia.

Además de saturar la infraestructura como drenaje, agua potable y electrificación, debido a que no se hicieron las adecuaciones que permitan a la infraestructura actual, recibir de un golpe, cientos de nuevas viviendas y usuarios.

Crecer horizontal y verticalmente en forma desordenada, más por intereses comerciales que por la sustentabilidad de la metrópoli, derivó en la actual crisis ambiental y de movilidad en la ciudad; los desarrolladores quieren trasladarla a la zona del Huajuco, pretenden sembrar un enfisema al pulmón natural con que cuenta el área metropolitana.

La única entrada y salida que tiene el cañón del Huajuco es la Carretera Nacional que hoy día está casi al máximo de su capacidad para conducción vehicular. Por las mañanas los congestionamientos que se viven desde la zona de La Rioja hasta Constitución o San Pedro van en creciente.

Permitir la urbanización de viviendas verticales y aumentar los fraccionamientos significa aniquilar el entorno sustentable que hoy representa El Huajuco.

Para los depredadores, construir alfombras de concreto en la zona de mayor plusvalía es un negocio jugoso, para los habitantes de la zona implica la extinción de la sustentabilidad.

Es obvio que los vivienderos ven el negocio en la depredación. Por lo que la conducta de la autoridad es de reconocerse, pues ante tales intereses, no es sencillo tomar decisiones como la del gobierno regio de congelar el proyecto y negar las reformas al Reglamento de Zonificación y Uso de Suelo que agravaría la crisis ambiental en la ciudad metropolitana y terminaría por poner un torniquete a la vialidad de los habitantes del sur de Monterrey y el norte de Santiago.

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