El momento perfecto


“Abandonarte la fuerza no puede, constante ella es. Si encontrarla no puedes, en tu interior, y no fuera, deberás mirar”, Obi-Wan Kenobi, citando a Yoda (personajes ficticios del universo Star Wars).

HISTORIAS DE MATRIMONIOS

• Según me han contado, cuando mis abuelos paternos decidieron casarse, en tiempos de reconstrucción del México postrevolucionario y siendo todavía unos jóvenes –acaso adolescentes–, las dificultades que debieron sortear para contraer matrimonio no eran sólo las del entorno social y político de la época, o de sus propias limitaciones de vida, económicas o de edad; también algunos miembros de sus familias se oponían por las razones más insignificantes, vistas a la distancia del tiempo, pero que entonces resultaban de gran valor y trascendencia.

• El resultado fue que acabaron casándose, con una gran determinación y por todas las leyes –como debe ser–, aunque en una misa celebrada en la madrugada, como era la costumbre en la localidad donde se llevó a cabo aquel evento y casi en soledad, pues la mayoría de sus familiares decidieron no acompañarles. Nunca pude hablar de esa historia con mis abuelos, porque al primero no lo conocí y con mi abuela coincidí en el mundo con menos de ocho años de edad, y entonces me interesaban mucho más las cosas simples y maravillosas de la vida, como el arroz rojo con zanahoria y chícharos que me preparaba cuando por fortuna la visitábamos en su casa.

• La generación de mis padres tenía una idea similar de emprender juntos una familia; bastaba enamorarse y conocer bien de su pareja, de su familia y de su bien nacer para planear y asumir el compromiso para casarse. Mis padres así lo hicieron, como muchos, en un entorno mundial lleno de amenazas, en donde el país seguía gobernado por dictadores disfrazados tras la sombra de un partido surgido de los ganadores del poder a principios del Siglo XX, y seguía, como ahora, dependiendo de que el vecino de norte progresara mientras que se debatía entre apretar el botón para aniquilarse –y consigo a la humanidad entera–, bailando la danza de la guerra fría con su entonces enemigo soviético, que hoy por costumbre sigue estando ahí balanceando los pesos del orden mundial y jugando vencidas con las fuerzas que convergen en nuestro entorno.

• Este entorno en el que las parejas que nos casamos, en los 90, conservamos en mucho la idea de los padres y de los abuelos, aunque también emprendimos la aventura del matrimonio con muchas más condicionantes que ellos. Había que tener un trabajo estable, credenciales académicas suficientes que prometieran un futuro deseable y recursos para montar la estructura operativa funcional, si era posible una casa propia o a crédito y vehículo para funcionar como era debido. Las generaciones posteriores ya han ido endureciendo los requisitos y podría decirse que sin ellos simplemente no hay boda. Esperan el entorno perfecto, las condiciones suficientes para batallar lo menos posible.

• En mi experiencia, y de los que me antecedieron, el entorno perfecto no es el que está en la mente del que emprende, sino el que existe en el preciso momento en el que se busca emprender. No tiene que ver tanto con el lugar o las condiciones externas en el que el sujeto emprendedor se desempeñará, aunque las considera, y jugarán un papel importante en su empresa, sino con las condiciones personales de vida del sujeto que emprende, ya sea un matrimonio, una familia, un proyecto o una empresa nueva.

EL ARTE DE EMPRENDER

• Los emprendedores inician cuando están listos, cuando su deseo y su visión son tan poderosos que deben convertirlos en realidades que nutran a su entorno, y son precisamente esos elementos los que les permitirán continuar enfrentando los retos que su realidad les demande y fortaleciendo su compromiso a cada paso que dan.

• No hace falta que exista un gobierno prístino, que desaparezca la corrupción, que el terrorismo y la intolerancia se hayan erradicado, que los monopolios aliados con los poderes oficiales desaparezcan, que El Niño y el cambio climático dejen de afectar al mundo, que el petróleo suba y baje y que las economías se muevan con él, o que las religiones del mundo vivan sus crisis e influyan en la vida diaria, a veces de formas incorrectas, o que las pandemias que agobian la salud mundial sigan costando vidas y recursos que escasean; no hace falta que los continentes dejen las diferencias abismales de condición y calidad de vida que sus fronteras y gobiernos determinen, o que los sistemas económicos y políticos dejen de tener tantas fallas que acaban en injusticia social. Tampoco es necesario que vivamos en un paraíso terrenal para que la vocación del que emprende se vuelva realidad.

• Hace falta que cada líder que quiere emprender simplemente lo haga, con todos sus recursos, con toda su capacidad y talento. Alguien dijo que ningún mar en calma hizo experto a un marinero. El momento perfecto es éste.

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