Él quiere invitar a la ´cuarta república´ a dar una vuelta en su ´carro completo´


Inculto no es; iletrado, tampoco; e ignorante, menos. Todo lo contrario. Por eso, abusando de mi suculenta ignorancia, le interrumpí a la cuarta vez que mencionaba la "cuarta república": ¿Qué era eso que tanto alababa de su nuevo presidente? Mi pregunta lo obligó a una respuesta de bote pronto, sin Google de por medio, y todo nervioso se perdió en un galimatías que haría parecer como un pigmeo al buen Cantinflas.

Mi amigo había mencionado cuatro veces a la "cuarta república", que ahí viene con el nuevo gobierno, como razón principal de su voto por López Obrador, y no supo explicarme qué es eso.

Les platico: si de por sí las pasadas elecciones en México fueron –por muchísimo– las más caras de las que se tenga noticia, las impugnaciones de los candidatos perdedores las están encareciendo aún más. 

Encima, valiéndose de recursos legales, los impugnantes estorban el trabajo de transición entre quienes llegan y los que ya se van.

Un prepuciano que trabaja en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación me acaba de decir que los organismos electorales estatales de todo el país registran hasta hoy 37,244 procesos legales en contra de las elecciones del pasado 1 de julio. Cierto, muy por debajo de las 50,000 que esperaba el mismo órgano electoral en mayo pasado.

El 35% de tales impugnaciones son promovidas por candidatos perdedores del PRI; el 34% son de Morena, el 15% del PAN, y el resto corresponde a la pedacería de partidos políticos que padecemos en México. Los promoventes del 80% de tales impugnaciones son ciudadanos a nombre de los partidos antes citados. 

Tan sólo en el caso de Monterrey, 100 civiles "tomaron la iniciativa" de defender al alcalde priísta en funciones, Adrián de la Garza, quien buscaba la reelección y, por andar en tribunales electorales, es el único del área metropolitana que ha demorado la transición de poderes ante el candidato ganador, Felipe de Jesús Cantú, del PAN.

Del PRI no extraña, porque es evidente que se niegan al soltar los huesos de los que han vivido sus "cuadros" por más de medio siglo. Otra razón para seguir peleando es el miedo de que quien viene pintado de otros colores les vaya a sacar los trapitos que han mantenido escondidos del Sol durante tres años.

Pero que Morena tenga casi el mismo número de impugnaciones nos habla del deseo de su dueño por hacerse del control total que presumía antes de Zedillo, el partido al cual nació en su natal Tabasco. "Seguramente es porque quiere invitar a la ´cuarta república´ a dar una vuelta en su ´carro completo´", dice la mordaz e irónica de mi Gaby. 

Antes del segundo debate, cuando se dio cuenta de que tenía ganada la elección presidencial, López Obrador comenzó a ser muy insistente en sus discursos, pidiéndoles a los electores "nada de voto diferenciado; hay que votar parejo por Morena".

Y resulta que, a pesar de que se sirvió más de la mitad del pastel electoral, ahora se lo quiere comer todo, incluyendo las migajas, sepa el Dios de Spinoza por qué.

Quizás esta voracidad se deba a que su afán reformista va más allá de sus planes de amnistía; de acabar con el fuero; o del perdón y olvido para Peña Nieto y sus secuaces; o de la legalización de la mariguana y el aborto; o de someter a consulta la construcción del nuevo aeropuerto y la venta del arrendado avión presidencial. A lo mejor, para cumplir sus planes necesita una hegemonía de Estado.

Lo cierto es que ordenar a sus ujieres jurídicos que vayan por la "enchilada completa" electoral pone a Morena al mismo nivel del tantas veces –y por tantos– repudiado PRI.

¿Esa es la democracia por la que votó el 53% de los electores mexicanos?

¿Una democracia hegemónica sin contrapesos, y encima, con "virreyes" plenipotenciarios que serán enviados desde el Palacio Nacional a todos los estados, para pavimentarse a sí mismos el camino que los convertirá en candidatos de Morena en las próximas elecciones intermedias para las gubernaturas?

La telaraña del poder absoluto se está tejiendo. ¿Eso quieren quienes votaron por él? 

CAJÓN DE SASTRE

La "cuarta república" a la que se refiere López Obrador, y de la cual su acérrimo defensor y amigo mío no supo qué decir, es la probable modificación constitucional al artículo 127, que establece las responsabilidades de los funcionarios de los tres niveles de gobierno; y al 108, que se refiere al fuero y privilegios de los gobernantes y legisladores.

Las constituciones de 1810, 1857 y 1917, fijaron las reglas del sistema de partidos políticos, el esquema electoral y el modelo institucional para el ejercicio y control del poder.

Por definición, cualquier tipo de hegemonía de Estado se opone a los principios que sustentan nuestra Carta Magna.

Entonces, ¿qué busca López Obrador con su "cuarta república", tratando de tener el control total de la vida política de México? 

Es pregunta, conste.

placido.garza@gmail.com

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