El ratón vaquero


Si alguien hubiese tenido alguna duda sobre la esencia y ejercicio de la política del presidente Donald Trump, resultaría más que suficiente analizar el evento mediático que montó en Singapur ayer martes, teniendo como patiño al dictadorzuelo de Corea del Norte, Kim Jong-un. 

Durante semanas, Trump estuvo jugando al gato y al ratón con Kim, anunciando primero la posibilidad de su encuentro en la cumbre y amenazando luego con levantarse de la mesa si no le satisfacía o simplemente cancelarlo. La misma estrategia que ha jugado con México y Canadá en lo que concierne al Tratado de Libre Comercio.

Finalmente el martes la reunión tuvo lugar. El amenazante monte trepidante de que nos habla Horacio terminó pariendo un mísero ratón.

Nadie regatea la importancia histórica de este mitin, el primero entre un presidente de los Estados Unidos y uno de Corea del Norte; eso es lo que señala el anuncio oficial. De ahí en adelante todo es paja. El comunicado conjunto tiene cuatro puntos que resumo: 

1.- Estados Unidos y Corea del Norte se comprometen a establecer una nueva relación de acuerdo a los deseos de las dos naciones de paz y prosperidad.

2.- Los dos países unirán esfuerzos para construir un régimen de paz estable y duradera en la península de Corea.

3.- La República Democrática Popular de Corea se compromete a trabajar hacia la completa desnuclearización de la Península de Corea.

4.- Los dos países se comprometen a recuperar los restos de los POWs y MIAs (prisioneros de guerra o perdidos en acción, por sus siglas en inglés) y para la inmediata repatriación de los cuerpos ya identificados.

Eso es todo. Lo demás es bla-bla-bla. El parto de los montes.

Naturalmente, Trump ya dijo a toro pasado que Kim se comprometió a desarmarse totalmente.

Cosa que no dice el comunicado. Pero así es este ratón vaquero, hablantín y de poco sustento que se mereció no solamente el mensaje de Robert De Niro en la ceremonia de los premios Tony a lo mejor del teatro –fuck Trump– sino especialmente el entusiasta seguimiento de los participantes.

PILÓN.- Todo este año hemos vivido bajo dos bombardeos. El de los imbéciles spots de radio y televisión y el de las encuestas de preferencias electorales. Yo no creo que éstas puedan adelantarnos un resultado de las elecciones de julio regalado. Hay numerosas evidencias en el pasado de lo errático que resultan, por las más diferentes causas. Tampoco soy un especialista en la metodología de este instrumento de medición arbitraria, pero sí aprobé matemáticas en todos los niveles que tuve que cursarlas. Basado estrictamente en ello, me atrevo a hacer un pequeño análisis sobre las encuestas. Vamos a ver.

Los que se atreven a decir su nombre confiesan por lo general que su "muestra" es de 1,000 cuestionarios, repartidos en equis número de entidades federativas y obedeciendo a la estratificación social. De esas 1,000, hay que eliminar la mitad que no saben o no quieren confesar su preferencia electoral. De ahí salen mañosamente los porcentajes. En una de las encuestas más recientes, cito de memoria, 49% eran para AMLO, 29% para Anaya, 19% para Meade y 3% para "El Bronco". Suma 100 por ciento. Pero 100% de 500, no de 1,000. Esos 500 que se han expresado representan a los 60 (?) millones de mexicanos que deberían votar. A cada uno que expresó su opinión le toca representar la opinión de 140,000 mexicanos más o menos. 

¿Y los que no quisieron hablar? Háganle números, a ver si se sienten representados en las encuestas.

felixcortescama@gmail.com


Volver arriba