El salario del miedo


El otro día, en el celebrado debate como la cúspide de la democracia mexicana, al ocurrente Jaime Heliodoro Rodríguez se le ocurrió decir que si llega a la presidencia de México impondrá la amputación de la mano a los ladrones. Una interpretación pedestre de la ley del talión que pide cobrar ojo por ojo, diente por diente, medida por medida, según dice el libro del Levítico en su capítulo 24. 

El mismo principio de justicia vindicativa, en el que la pena debe equipararse al daño causado, se encuentra en el código de Hammurabi, ley de leyes en la Mesopotamia que hoy llamamos Irak. El que mate una vaca que entregue otra vaca; el que mate a un ser humano que pague con su vida.

Una pandilla de malhechores tiró anteayer el cadáver de un hombre en Guerrero con una de sus manos mutilada y un cartel explicando que como ya lo había dicho "El Bronco", ellos estaban aplicando esa ley.

Un spot de José Antonio Meade insiste en recordarnos que Andrés Manuel López Obrador va a otorgarle amnistía a todos los delincuentes, secuestradores, asesinos, y los va a regresar a la calle. La propaganda del niño maravilla insiste en asustarnos con la figura del "Peje".

No tiene ninguna importancia la ignorancia del gobernador de Nuevo León con licencia del artículo 22 de la Constitución de nuestro país, que fue reformado en su más reciente cambio hace 10 años y que explícitamente prohíbe la tortura y la mutilación, los azotes, palos y otras linduras que al "Bronco" encantarían. ¡Hay tantas otras cosas que Jaime Heliodoro ignora!

Lo que nos debe llamar la atención es que nuestro país está entrando en una etapa de miedo creciente. Además del incremento en el número de asesinatos secuestros, robos, estafas, la saña con la que se cometen esos crímenes se incrementa. Tres jóvenes estudiantes de cinematografía no solamente fueron secuestrados y asesinados: sus cuerpos fueron metidos en tambos de ácidos potentes para destruir prácticamente todo rastro de su paso por este indudable valle de lágrimas.

Hace algún tiempo el presidente Peña dijo que la corrupción está inevitablemente inserta en nuestro patrón cultural. De la misma manera alguien que nos quiera asustar puede argüir que los aztecas destrozaban a cuchillo vil centenares de cautivos de guerra para ofrendarlos a los dioses salvajes y comer su carne, reservando las mejores piezas para los señores del poder. Pero han pasado más de cinco siglos desde entonces y se supone que hemos entrado en el mundo civilizado.

Esta campaña electoral no solamente carece de propuestas razonables y razonadas por los candidatos. Estamos ante el salario del miedo. Todos nos quieren asustar con una realidad que cada vez es más amenazante. Parece que todos están convencidos de que para ganar tienen que asustarnos. De esta suerte, el voto de los mexicanos no va a surgir del pensamiento, la convicción o la identificación con programas y planteamientos; se ha convertido en el salario del miedo.

Un país entero no puede ser cogido en rehenes por el terror, por el miedo. Si dejamos que eso nos pase, nos merecemos el vecino que tenemos al Norte y sus actitudes retrógradas.

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